“No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios” // Mateo 4:4 (Aclamación del Evangelio)
Muchos días me sentía inadecuada como profe. Claro, tenía alumnos con mucha ilusión y ganas de aprender y eso, pero a pesar de esforzarme tanto por preparar las lecciones más interesantes y divertidas, parecía que a mis alumnos adolescentes no les importaba absolutamente nada. Era incluso como si la clase de español fuese una especie de instrumento de tortura o algo. Algunos días veía como verdaderos éxitos, pero en la mayoría no veía que lo que hacía realmente hacía una diferencia en sus vidas como yo esperaba.
Pero poco a poco, a lo largo de los años, me llegaban cartas de mis alumnos de cursos anteriores contándome sobre sus vidas actuales y lo mucho que les había gustado y aprendido en mis clases, tanto que querían ser profes como yo o estudiar el español como carrera en la uni o viajar a países hispanohablantes. Pero más que nada, agradecían mi paciencia, apoyo y bondad con ellos, cómo siempre veía lo mejor de ellos incluso cuando no lo veían ellos mismos. Tantas cosas se nos van olvidando con el paso de los años… pero nunca se olvida el amor— incluso en lo más pequeño y aparentemente insignificante.
Así que no tengamos miedo cuando Jesús nos invita, al igual que en el Evangelio de hoy, a que “denles ustedes de comer” (Lucas 9:13). Nos llama a dar de lo que tenemos, por poquito que nos parezca, en nuestro día a día para su gloria. Él tiene el poder de transformar nuestra ofrenda pequeña— como la de los dos peces y cinco panes de un niño— en una sobreabundancia de gracia que satisface a una gran muchedumbre… e incluso sobra.
Quizás nos desanimemos porque parece que lo que hacemos o lo que tenemos para dar es demasiado poco y no basta… ¡Ánimo! A veces esa multiplicación de gracia no es instantánea-– a veces plantamos pequeñas semillas que van floreciendo con la paciencia y la perseverancia en la fe.
Hermana, ¿qué es lo que el Señor te invita a ofrecer a Él? Quiere hacer milagros en tu vida. Quiere transformar la precariedad en sobreabundancia. Sólo nos pide que confiemos en Él y que tengamos un corazón generoso.
Oremos juntas:
Mi amado Jesús, ayúdame a confiar más en Ti. Dame la gracia de ofrecer hasta lo más pequeño y humilde en mi vida por amor a Ti, con la esperanza de que sea grande en el cielo. Amén.
// Ashleigh Ladner es hermana, amiga, madrina, tía, traductora y profesora, y sobre todo, hija amada de Dios. Originalmente de New Orleans, Louisiana, actualmente está viviendo en Madrid, España. Le encanta viajar y conocer lugares nuevos, leer, un buen expreso, y los girasoles. Sus modelos a seguir en la vida son santa María Magdalena, san Ignacio de Loyola, san Juan, y santa Teresa de Jesús.