Jesús le dijo: “Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes, dales el dinero a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme”. // Mateo 19:21
“No WIFI.
Hablen el uno al otro.
Llama a tu mamá.
Pretende que es el año 1994.”
Vi este letrero en un restaurante y me sonreí, pero también me quedé pensando en su verdad. Es triste que los regalos de nuestra presencia y atención se están perdiendo.
Sé que no necesito convencerte, hermana, que hay una pandemia de adicción a la tecnología, a los teléfonos celulares y a las redes sociales. Son algunos ídolos de nuestro tiempo a los cuales más nos aferramos, a los cuales más me aferro. Esto además de nuestros ídolos del pecado, del dinero, de la perfecta ‘imagen’, de las carreras… Como los israelitas, a veces abandonamos al Señor y regresamos a otros ‘dioses’ e ídolos.
Nos olvidamos de que Dios es el verdadero amado de nuestras almas y sólo Él. Nos olvidamos de que el cielo es nuestro hogar. Santa Teresa de Lisieux en su Historia de un alma, reconoció desde muy joven que este mundo, sus riquezas y sus miserias son pasajeros: “Me sentía otra vez como una exiliada y deseaba el cielo, mi hogar verdadero…” (p. 22).
Como el joven rico del Evangelio, nos queremos quedar en la seguridad de nuestra comodidad y las cosas de este mundo. ¡Pero este mundo no es nuestro hogar! Y sólo Dios puede estar en el trono de nuestro corazón.
Hoy, hermana, te invito a hacer algo que te recuerde que no eres de este mundo. Algunas ideas:
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Desconectar el WiFi de tu celular por una hora para servir a tu familia
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Rezar tu rosario sin distracciones
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Ayunar de postres o café y dar ese dinero de limosna
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Hacer un viaje al Santísimo Sacramento
Tomamos pulso de nuestros corazones hoy. ¿Qué amamos? ¿A qué nos aferramos? Soltemos este mundo y sigamos a Jesús más de cerca: Jesús le dijo ‘Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes, dales el dinero a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme’” (Mateo 19:21).
// Alexandra Geigel es una joven católica. Vive en el norte de Virginia y tiene padres de Guatemala y Puerto Rico. Estudió español en la universidad y ahora trabaja para una escuela secundaria católica. Le encanta leer la biblia, escribir historias y tocar su ukulele. Lo más importante para ella es su fe católica y quiere que todas las personas conozcan el Corazón de Jesús a través de una relación personal con Él y devoción a la Eucaristía.