LECTURAS DE HOY

“Devuélveme la alegría de tu salvación

y sostén en mí un espíritu generoso.” // Salmo 51, 12

“Niña, pórtate bien o Dios se enojará contigo.” De pequeña, escuchar frases como esta, aunque no tuvieran la intención de hacer daño, puede dejar cicatrices duraderas. Estas cicatrices a veces se reabren durante la cuaresma. Las he sentido arder y picar en forma de culpa excesiva, escrupulosidad y autocrítica severa sobre la penitencia. Si soy sincera, el mensaje subyacente es la idea de que tengo que ganarme el amor de Dios y ser perfecta o seré rechazada. En el nombre de Jesús, renuncio a esa mentira.

Una de las realidades más liberadoras que nos enseña nuestra fe es que no nos “portamos bien” para ganarnos el amor de Dios. ¡Él es Amor! Nada nos separa del amor de Cristo. En cambio, nuestra vida moral es una respuesta a su gran amor y una invitación a amar como Él. La contrición es necesaria. El arrepentimiento es necesario, pero esto debe verse desde esta seguridad en los brazos del Padre. Dedicar más tiempo a la oración esta cuaresma nos permite responder a su sed de nuestras almas y a nuestra sed de Él. Dar limosna es nuestra respuesta de gratitud por todo lo que nos ha dado y amarlo amando a los demás. El ayuno es una invitación a decir no a un deseo de mis sentidos para poder decir que sí a las cosas superiores. ¡La cuaresma es mi campo de entrenamiento de amor!

Quizás la escrupulosidad y la sensación de tener que ganarme el amor de Dios nunca han sido tu lucha, ¡eso es maravilloso! Por favor, ora por quienes luchamos con el perfeccionismo en la vida espiritual. Si eres como yo, hermana, que sepas que no estás sola. Hagamos de las palabras del salmista nuestra oración esta cuaresma: Devuélveme la alegría de tu salvación.

Padre, que esta cuaresma sea un campo de entrenamiento de amor. Transforma mi corazón para que sea más como el Tuyo. Que cada oración, penitencia y limosna sea un “Te amo”. Renuncio y entrego a Tu Sagrado Corazón la mentira de que debo ganarme Tu amor. ¡Jesús, confío en Ti!

// Christy Vaissade creció en Brooklyn, Nueva York, hija de padres inmigrantes de la República Dominicana. Ha sido el deseo personal de Christy traer a otros a conocer la misericordia y el amor de Dios que ha cambiado y está cambiando su vida desde la joven edad de trece años. Christy es maestra de teología de secundaria, catequista, y cantora en su parroquia local. Ella y su esposo, Michael, viven en Nueva Jersey con su cachorro Pembroke Welsh Corgi, Daisy. Le encanta cocinar, ir al gimnasio, y pasar tiempo con sus sobrinos y ahijados. 

 

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