LECTURAS DE HOY 

“La multitud que lo rodeaba, que era mucha, lo escuchaba con agrado”. // Marcos 12, 37

¿Alguna vez has estado tan feliz que te dieron ganas de cantar? Quizás ibas conduciendo de camino a tus vacaciones y el hermoso cielo azul y la emoción que sentías te inspiraron a tararear una melodía. Quizás regresabas de visitar a un sobrino o un nieto recién nacido y la calidez que sentías en tu corazón te conmovió profundamente. Quizás estabas en un momento de oración silenciosa y el amor que sentías en lo más profundo de tu ser te impulsó a alabar a Dios.

Me imagino a Pablo sintiéndose así mientras viajaba predicando y enseñando. A pesar de haber sufrido tantas persecuciones y padecimientos, podía sentir alegría porque “de todas me libró el Señor” (2 Tim 3, 11). No afirma que la vida será fácil para quienes “quieran vivir como buenos cristianos”. Todo lo contrario. Afirma claramente que seremos perseguidas (2 Tim 3, 12). Sin embargo, también podemos encontrar alegría sabiendo que, al permanecer “firme en lo que has aprendido y se te ha confiado”, estaremos “preparado[s] para toda obra buena” (2 Tim 3, 14-17).

También podemos encontrar alegría en las verdades del Evangelio de hoy. Aunque parece un laberinto de palabras sobre el parentesco entre David y Jesús, es un gran recordatorio de que somos hijas de Dios. ¡Somos parientes del Rey de Reyes y Señor de Señores! ¡Qué gran amor tiene por nosotras al invitarnos a la intimidad de su familia! Así como las multitudes escucharon las palabras de Jesús con alegría, que nosotras también nos regocijemos en Él. Quién sabe, quizás hasta nos encontremos cantando de alegría

// Tami Urcia es miembro de una familia católica muy grande. Ella y su esposo Peruano tienen cinco hijos pequeños y viven en Michigan. Durante su juventud, Tami pasó unos años como misionera en México y ha trabajado para la Iglesia casi toda su vida en diferentes capacidades. Ha sido traductora por más de 20 años.

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