“Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.” Lucas 24,35
Tuve una ocasión mientras vivía como misionera en Etiopía en la cual choque con un amigo Protestante. Formábamos parte de un mismo grupo de amigos que se reunía con frecuencia para vivir momentos de oración y fraternidad. Pero aunque podíamos rezar juntos, no me acababa de entender. Si amaba tanto a Jesús, razonaba mi amigo, ¿como podía ser Católica?
Para este amigo de Suiza, criado en una fe profunda protestante y anti-católico, él no veía este pasaje de Lucas como uno que señalaba el gran don de Jesús en la Eucaristía. Sus ojos, como los de los dos en camino a Emaús, estaban “velados” (vea Lucas 24, 16). Pero quizás un día, como ellos, él podrá ver la plena verdad.
Cuando entré en el diálogo de estos dos discípulos en camino a casa, me sentí identificada con ellos. Tenían dudas, una fe tenebrosa, emociones de decepción y abandono—“Pero nosotros esperábamos que Él era el que iba a redimir a Israel.” (Lucas 24,21). En mi vida, he experimentado momentos en la cual esperaba alguna cosa pero al final el plan de Dios se desarrolló de una manera distinta a la mía. Aunque al principio no entendía, cuando me habría a la gracia del Espíritu Santo y el encuentro con Jesus que me lleva al corazón del Padre, se me abrían los ojos y rápidamente captaba que Dios estaba obrando todo para bien.
Hermana, cuando abrimos nuestros corazones para pedirle a Jesús, “quédate con nosotros” (Lucas 24, 29), Él de verdad se queda. El hace su hogar en nosotros, abre las escrituras para que podamos ver y entender el amor magnífico y superabundante de Dios para sus hijos—un amor que hace que nuestros corazones se llenen de fuego, ardiendo y latiendo por El que ha resucitado verdaderamente y que se hace presente entre nosotros al “partir el pan” (Lucas 24, 35).
// Rocío Hermes es mamá y ama de casa. Ella nació en la República Dominicana y fue criada en los Estados Unidos. Le apasiona construir comunidad, preparar postres y escribir poesía. Tiene una maestría en Teología y ha vivido como misionera en Etiopía. Después de vivir más de tres años en Alemania, reside ahora en Israel con su esposo alemán y su hijo. Colabora como autora en Blessed Conversations: Dwell. Puedes leer sus reflexiones sobre la vida de fe en graceandmercyblog.com.