Hoy nos encontramos en medio de la cuaresma. Quizás no tenemos el mismo entusiasmo que teníamos cuando empezamos, ni la motivación de que terminaremos en una semana. Pero es en este preciso momento que se pone a prueba nuestra resistencia y fidelidad. Es en este momento que solo seremos fiel con y por Amor.
El evangelio de hoy es un ejemplo perfecto de esto (Mateo 18, 21-35). Recientemente escuché una charla donde contaron una anécdota. La muchacha decía que ella no se merecía la situación en la cual se encontraba y el sacerdote le dijo que tenía razón. Que ella merecía el infierno. Ella estaba en shock con esa respuesta, pensando que encontraría más empatía pero después él le explicó que eso es lo que todos merecemos, es solo por el Amor y la gracia de Dios que nosotros tenemos algo diferente. No es un derecho, es gracia.
Al principio me pareció un poco dramática la respuesta, pero después el Señor me enseñó mi orgullo. Nosotras estamos llamadas a perdonar nuestro prójimo y seguir queriéndonos por Jesus, que nos dio todo cuando no lo merecíamos. Si Jesús hubiese usado la misma medida que nosotras usamos estaríamos en mucho peligro. Ahora tenemos el reto de extender esa gracia.
Hermanas, nosotras somos las hijas amadisimas de nuestro Padre celestial. No por lo que hemos hecho o quienes somos, si no porque Él, en su bondad, nos los concede. Mateo 25, 40 dice “...Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron.” Por eso perdonamos setenta veces siete para ser un reflejo de Él y para tener que depender en él para que nos dé la gracia. No es fácil, amiga, pero vale la pena.