“Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría.” Juan 16:20
Hoy, al cumplir un año más de vida, me quedo con estas palabras de Jesús: palabras que no niegan el dolor, pero lo transforman.
Esta promesa no es algo lejano. Es muy personal, especialmente para las mujeres que llevan tantas cargas en silencio, sacrificios visibles y oraciones escondidas. Jesús habla directamente a esos momentos en que la alegría parece lejana y la tristeza se siente muy fuerte.
Él usa la imagen de una mujer en trabajo de parto…un dolor real, intenso e inevitable. Pero no es un dolor sin sentido. Lleva a la vida. A la alegría. A algo que lo cambia todo.
¿Cuántas veces hemos vivido este misterio? En tiempos de espera que ponen a prueba nuestra fe. En pérdidas que cambian nuestro corazón. En oraciones que parecen no tener respuesta.
Y aun así, de alguna manera, la gracia nos encuentra.
En un cumpleaños es natural pensar en lo que ya pasó y en lo que aún está por venir. Algunas partes de nuestra historia todavía pueden sentirse como “dolores de parto”. No todo está resuelto. No todas las oraciones han sido respondidas.
Al crecer, me pregunto si Dios me está llamando a un propósito diferente. Muchas mujeres sienten un gran deseo de ser madres o lo saben desde jóvenes. Para mí, esa certeza nunca ha estado realmente ahí.
Esto me lleva a hacerme preguntas difíciles y a mirarme con honestidad en la oración. ¿Estoy resistiendo la voluntad de Dios para mi vida? Es una pregunta que también surge en conversaciones con familia y amigos, y que ha requerido un discernimiento sincero dentro de mi matrimonio.
Y aun así, este Evangelio me recuerda confiar en que algo se está formando, que algo está naciendo, aunque todavía no lo entienda completamente.
Jesús también nos deja una gran promesa: “Todo lo que pidan al Padre en mi nombre, Él se lo dará.” Juan 16:23 Es una invitación a una oración más profunda, no sólo por lo que queremos, sino por lo que está en su corazón.
Al comenzar mis 36 años, recibo esto como una invitación muy personal del Señor. Lo hago con un corazón agradecido por tantas bendiciones, por el regalo de un año más y por su presencia fiel en todo momento. Incluso en la incertidumbre, puedo ver cómo he confiado en Él y cómo me ha guiado con suavidad.
Por eso le doy gracias por todo lo que me ha dado, y le pido que siga formando mi corazón, poniendo en él deseos que reflejen su voluntad y guiándome hacia lo que venga.
Dondequiera que estés hoy, ya sea en un tiempo de alegría o en la espera silenciosa, recuerda esto, hermana: tu historia aún no termina, y Dios no ha acabado contigo. La alegría viene, y será más profunda, más plena y más duradera de lo que imaginas.
// Paulina Cambron es católica de nacimiento, esposa, hija, hermana, madrina, y consejera universitaria pero su título favorito es el de 'hija amada de Cristo'. Nacida y criada en el área de Greater Palm Springs, su relación personal con Dios floreció a los 18 años, cuando participó en su primer retiro para jóvenes. Desde entonces, ha servido en diferentes ministerios de su parroquia, siendo su favorito el trabajo con la juventud. Actualmente, dirige una comunidad de fe de mujeres llamada Devoted to Proverbs 31, y continúa sirviendo al Señor como misionera en retiros del Programa Misionero del Valle en Coachella, CA, donde hombres y mujeres encuentran un encuentro transformador con Dios. La pasión de Paulina radica en ayudar a los demás y compartir la belleza de su fe católica, así como lo que Dios ha obrado en su vida.....todo mientras disfruta de una taza de té.