"¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!" // Lucas 17:12
Durante el verano experimenté la realidad del refrán: “Cuando llueve, llueve a cántaros”. Parecía que todo se rompía y necesitaba ser reemplazado a la vez. Dos carros necesitaban reparaciones, el aire acondicionado de la casa se malogró, la piscina inflable tuvo hueco dos veces, rompí mi short casi nuevo, las mochilas de mis hijos estaban muy desgastadas, y la lista seguía y seguía.
La fugacidad de esta vida terrenal me golpeó como un ladrillo. ¿Por qué todo tiene que desgastarse, romperse o dejar de funcionar? Me sentía tan abrumada, tan inútil para proveer y mantener cosas bonitas para mi familia. Trabajo tan duro para vivir dentro de nuestras posibilidades y parecía una imposibilidad en ese momento.
Y luego leí un pasaje de las escrituras, y luego una reflexión, y luego otra, y poco a poco mi corazón volvió a la normalidad. Incluso mi hijo mayor, al notar mi angustia, me dijo: “Quizás Dios te está intentando enseñar algo”. Y de hecho, eso es lo que estaba haciendo… de nuevo. Puede que no fueran lecciones nuevas, pero obviamente necesitaba un repaso: Dios siempre provee, y esta vida es sólo un instante comparada con lo que nos espera en la eternidad.
Así que la próxima vez que me sienta abrumada, puedo exclamarle como los diez leprosos del evangelio de hoy, "¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!" Y con plena confianza en su bondad, puedo saber que Él me va a cuidar. Nos hizo inmortales a su imagen y semejanza y solo es a través del maligno que la impermanencia, la imperfección y la debilidad entraron en este mundo. Pero no debemos preocuparnos, pues estamos en las manos de Dios. Entreguémonos bajo su amorosa protección y no permitamos que las tormentas de este mundo nos afecten.
// Tami Urcia es miembro de una familia católica muy grande. Ella y su esposo Peruano tienen cinco hijos pequeños y viven en Michigan. Durante su juventud, Tami pasó unos años como misionera en México y ha trabajado para la Iglesia casi toda su vida en diferentes capacidades. Ha sido traductora por más de 20 años.