“Bendito sea el Señor, día tras día, que nos lleve en sus alas y nos salve. Nuestro Dios es un Dios de salvación, porque puede librarnos de la muerte”. // Salmo 67
Hermana, ¿alguna vez te has sentido hundida en el pecado, sin fuerzas para levantarte? Que, como decía San Pablo, ¿hacías el mal que no querías? Creo que todas hemos estado ahí.
Pasa una cosa curiosa. Satanás nos presenta el pecado en una bandeja de oro como algo tan apetecible, incluso lo pinta como un bien. No pasa nada, ¿verdad? Pero después…. Nos lo echa en cara, haciendo que nos ahoguemos en un mar de vergüenza y desesperación. ¿Cómo has podido? Pero hermana, ese espíritu no es de Dios. Esa voz no es de nuestro Padre celestial. Así es:
“No han recibido ustedes un espíritu de esclavos, que los haga temer de nuevo, sino un espíritu de hijos, en virtud del cual podemos llamar Padre a Dios”. (Romanos 8:15).
No importa qué pecado ni cuánto tiempo llevas luchando, Jesús siempre es más fuerte. Cuando estamos débiles y heridas, sin poder levantarnos, como la mujer del Evangelio de hoy que llevaba 18 años encorvada, Jesús nos ve y desea perdonarnos y sanarnos por puro amor. “Al verla, Jesús la llamó y le dijo: ‘Mujer, quedas libre de tu enfermedad’. Le impuso las manos y, al instante, la mujer se enderezó y empezó a alabar a Dios”. (Lucas 13:12-13)
Hermana, te invito hoy a que vayas corriendo a los brazos de tu Padre celestial, que te quiere tanto, a que te perdone y te sane a través del sacramento de la confesión. Por la fuerza de su gracia te quedarás libre y llena del Espíritu Santo que te hace clamar, “Abbá, Padre!” y alabarle con alegría.
// Ashleigh Ladner es hermana, amiga, madrina, tía, traductora y profesora, y sobre todo, hija amada de Dios. Originalmente de New Orleans, Louisiana, actualmente está viviendo en Madrid, España. Le encanta viajar y conocer lugares nuevos, leer, un buen expreso, y los girasoles. Sus modelos a seguir en la vida son santa María Magdalena, san Ignacio de Loyola, san Juan, y santa Teresa de Jesús.