“Que lleguen hasta ti los gemidos del cautivo; con tu brazo poderoso salva a los condenados a muerte.” // Salmo 78, 11
Caí a mis rodillas y me doblegué en la presencia del Señor. “¿Cómo pude haber hecho eso?” Me comía por dentro una serie de pecados de mi pasado que en ese momento de mi vida, mientras empezaba a considerar seriamente una llamada a la vida religiosa, chocó con mi realidad como plomo para llevar mi corazón al abismo de la desesperación.
Tuve recurso de inmediato a la palabra de Dios y ahí encontré consuelo, una garantía de que Él es un Dios de misericordia que viene a socorrernos cuando estamos totalmente abatidos (vea Salmos 78, 8). Cuando el peso de mi pecado y la cárcel de vergüenza me querían atrapar, el Señor me abrazó y me liberó por medio de una experiencia profunda de su misericordia–la misma que brotó copiosamente por cada una de nosotras desde la cruz.
Entendí que no había nada en mi pasado (o presente), ningún error, pecado, adicción o cualquier cosa, que me podía apartar de su presencia amorosa–solo las cosas que yo no quería enfrentar. Sabía que tenía que traer todo, absolutamente todo, a la luz de su rostro y dejarlas caer en el océano de su misericordia especialmente a través del sacramento de la reconciliación.
Ahí en ese momento donde la miseria de hombre se encuentra con la misericordia de Dios por medio de su representante, el sacerdote, ahí me llenó de paz y Jesús sanó las heridas del pecado.
Te invito, hermana, a que no tengas miedo a enfrentarte con tu pasado o las cosas que aun hoy te tienen en una cárcel espiritual. Presentaselo todo al Señor–El que viene a socorrer a su rebaño cada vez que lo necesita (vea Salmo 78, 13)–y deja que venga por ti.
// Rocío Hermes es mamá y ama de casa. Ella nació en la República Dominicana y fue criada en los Estados Unidos. Le apasiona construir comunidad, preparar postres y escribir poesía. Tiene una maestría en Teología y ha vivido como misionera en Etiopía. Después de vivir más de tres años en Alemania, reside ahora en Israel con su esposo alemán y su hijo. Colabora como autora en Blessed Conversations: Dwell. Puedes leer sus reflexiones sobre la vida de fe en graceandmercyblog.com.