LECTURAS DE HOY 

 “Quien dé, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños por ser discípulo mío, no perderá su recompensa” // Mateo 10, 42

Recientemente estaba en misa y el sacerdote dio una homilía que hablaba sobre la reverencia que debemos tener hacia lo que Jesús está haciendo frente a nosotras cada día. Es decir, aunque físicamente no lo parezca, el Señor nos santifica en cada instante. Es una idea que algunas llaman “El sacramento del momento presente” (The Sacrament of the Present Moment).

Las lecturas de hoy me recuerdan esto, hermanas. Primero lo vemos en la mujer de Sunem, quien deja que Eliseo (2 Reyes 4, 8–11. 14–16a) entre en su casa y hasta le prepara una habitación para que pueda quedarse. Ella no se queda estancada en sus sueños frustrados, sino que elige servir en medio de su vida concreta. Y Dios la recompensa.

San Pablo después nos exhorta diciendo: “Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguras de que también viviremos con Él” (Romanos 6, 8).

Hermanas, nosotras somos salvadas misteriosamente en comunión. Sí, principalmente por Jesús, pero también a través de las personas que Él pone en nuestra vida. Ellas nos muestran el rostro de nuestro Padre, y nosotras estamos llamadas a reflejarlo también.

Cada momento es una oportunidad que podemos ofrecer a Dios y en la que podemos ser santificadas sirviendo a las personas que tenemos delante. Jesús nos dice: “Quien dé, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños por ser discípulo mío, no perderá su recompensa” (Mateo 10, 42).

Y la verdad, hermanas, es que esto se vuelve más difícil cuando la persona que Jesús pone frente a nosotras parece una interrupción en nuestras tareas o planes.

¿Qué pasaría si, como dijo el sacerdote, fuéramos un poco más dóciles a lo que el Espíritu Santo está haciendo en el momento presente? ¿Si viéramos cada instante como una oportunidad para santificarnos y a cada persona como una oportunidad para servir a Jesús mismo?

Hermanas, pidamos la gracia de reconocer su presencia en lo cotidiano y de no dejar pasar ningún momento en el que Él quiera encontrarnos.

// Joanna Valencia nació en Venezuela y se crió en Miami donde aprendió a hablar “fluent Spanglish”. Conoció a sus dos mejores amigas, Santa Teresita de Jesús y Santa Faustina, durante una misión en Haití y desde ese entonces su vida cambió. En el 2023 renunció a su trabajo para servir como misionera católica en la Isla de Santos y de los Sabios.

 

Back to blog