"El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga.” Mateo 16:24
Hay una cosa que nuestra fe católica nos promete: el sufrimiento.
Se nos promete el sufrimiento en este lado del cielo. Y aunque puede ser difícil aceptarlo o incluso escucharlo, Cristo no nos promete salvarnos del sufrimiento. En cambio, nos invita a abrazarlo.
En el Evangelio de hoy, podemos ver la batalla interior que comienza a experimentar San Pedro. Cuando el Señor anuncia el sufrimiento que habrá de padecer, el corazón de Pedro reacciona: “¡Dios no lo permita, Señor! Eso no te puede suceder a ti.” (Mateo 16, 22)
Es una reacción muy humana. Probablemente, muchas de nosotras reaccionaremos de la misma manera si supiéramos que alguien que amamos estaba destinado a sufrir. Pedro escucha que Cristo sufrirá, pero también sabe, en lo profundo de su corazón, que él mismo sufrirá al verlo sufrir. Entonces Cristo lo reprende y le muestra con firmeza que esto es parte de la voluntad del Padre. ¿Por qué?
Recuerdo una etapa de mi vida en Austria en la que estaba muy enferma. Me sentía débil, agotada y profundamente sola. Durante un viaje en tren, una mujer mayor se sentó a mi lado. Ella lloraba y hablaba en alemán. No podía entender sus palabras, pero podía reconocer su dolor.
Después de notar que yo estaba enferma, tomó su manta y la colocó sobre mí. Tomé su mano, saqué mi rosario y comencé a rezar. En aquel momento comprendí que no necesitaba tener todas las respuestas. Necesitaba permitir que Dios me amara a través de alguien más. Por primera vez pude decir: “Señor, no quiero huir de esta cruz. Te la entrego. Enséñame a abrazarla.”
Si la voluntad del Padre para nuestra vida incluye el sufrimiento, entonces tenemos que aprender a abrazarla.
Cristo no le dijo a San Pedro: “No te preocupes, esto no va a suceder”. Tampoco le dijo: “Haré todo lo posible para evitarlo”. Le dijo que tomará su cruz y lo siguiera.
Porque el amor requiere sufrimiento. Y Aquel que es el Amor mismo comprende nuestro sufrimiento.
Hermana, abraza tu cruz. La escuela del sufrimiento produce amor. Amar a Cristo significa reconocer que, en este lado del cielo, habrá sufrimiento. Pero ten ánimo: no estás sola. Tomar tu cruz no significa que será fácil. Significa que estás eligiendo amar. Y cada vez que eliges amar en medio del sufrimiento, te estás acercando un poco más al corazón de Cristo.
// Ashley Diaz es estudiante, amiga, hermana y amada de Jesús. Ha sido católica toda su vida pero hizo suya su fe después de experimentar a Cristo en la Eucaristía a los 16 años. Actualmente está en la escuela terminando su licenciatura en Teología en la Universidad Franciscana. ¡Ella ha trabajado en la vida parroquial desde hace 5 años y le encanta servir a los corazones de la gente de Dios! Su misión en la vida es: Ver plenamente un alma y amarla plenamente después. Puedes encontrarla pasando tiempo con sus amigos, leyendo un buen libro, o en la capilla contemplando el corazón eucarístico del Señor.