"El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.’’ // Mateo 13, 44
Tenía las maletas abiertas sobre el piso en casa de mi madre cuando me di cuenta de que estaba empacando más que ropa. Guardaba recuerdos, rutinas y la vida que había conocido desde niña. Hace tres años, dejé mi país para mudarme junto a mi esposo y comenzar nuestra familia en un terreno completamente nuevo.
Recuerdo el silencio de aquella noche y cómo mi corazón latía entre el temor a lo desconocido y la esperanza del porvenir. ¿De verdad, Señor, este es el campo que quieres que compre?
El Evangelio de hoy me devuelve a ese momento. Jesús habla de un tesoro escondido que transforma la vida de quien lo encuentra. Para mí, ese tesoro fue la certeza de que Dios me llamaba a moverme, a salir de lo conocido, a confiar en que Su plan era más grande que mi comodidad. No se trataba solo de recibir la fe, sino de vivirla con pasos concretos.
A veces queremos una fe que no nos incomode. Una fe que no nos pida soltar nada. Pero el tesoro del Reino siempre implica un movimiento: dejar atrás lo que ya no sostiene, abrir espacio para lo que el Señor desea hacer, permitir que Él trace el camino aunque nosotras dudemos diez mil veces. Cuando recuerdo ese cambio drástico en mi vida, veo cómo nada se escapa de las manos de Dios.
Hoy te pregunto, hermana: ¿qué tesoro quiere el Señor que descubras en el campo donde te ha plantado ahora? Quizás ese tesoro está escondido en lo cotidiano, esperando que lo mires con una fe viva, no estática. Te animo, hermana, a que aprendamos a florecer donde Dios nos ha plantado.
Señor, muéstrame el tesoro que has escondido en mi propio campo. Enséñame a soltar lo que me impide seguirte con alegría. Amén.
// Marlene Durán es mamá, esposa y ama de casa. Nació en la República Dominicana y es comunicadora social. Apasionada por la Verdad y por vivir cada día su propio fiat. Su formación en Teología del Cuerpo ha sido una herramienta que Dios ha usado para enseñarle a mirar la fe con profundidad y cercanía. Desde su misión digital católica, Fiat Veritatis, comparte reflexiones que invitan a volver a las fuentes: la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio. Su mayor deseo es ayudar a redescubrir la belleza de nuestra fe y transmitirla con un lenguaje claro, fiel y lleno de esperanza.