“Sin dudar en su corazón y creyendo que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. Por eso les digo: Cualquier cosa que pidan en la oración, crean ustedes que ya se la han concedido, y la obtendrán.” // Marcos 11, 24
Hoy estas lecturas me han removido por dentro.
Las he leído varias veces, intentando quedarme con algo… hasta que el Evangelio empezó a tocarme. Primero esa escena de Jesús entrando en el templo, viendo cómo habían llenado ese lugar de cosas que no correspondían a un lugar de oración. Y luego, más adelante, cuando habla del poder de la oración.
Ahí algo en mí se movió.
Porque dice algo muy fuerte: que todo lo que pidamos, creyendo de verdad, lo recibiremos. Incluso habla de mover montañas. Y si soy sincera, eso me confronta.
Porque yo pido. Claro que pido. Sobre todo cuando se trata de salud, cuando hay personas que quiero y que están pasando por momentos difíciles. Pero en lo profundo… también hay dudas. Hay miedo. Hay ese pensamiento de: “¿y si no es lo que Dios quiere?”.
Y entonces me encuentro ahí, en medio de esa tensión. Queriendo confiar plenamente… pero sintiendo que no siempre lo logro.
Hoy, más que tener respuestas, siento que tengo una invitación.
A volver a la oración sencilla. A hablar con Él como mi Padre. A pedir, sí, pero también a dejarle espacio. A confiar no sólo en que puede hacerlo todo, sino en que Su voluntad es siempre amor, incluso cuando no la entiendo.
Y quizá esa es la montaña que hoy tengo delante: mi propio corazón. Mis dudas. Mi necesidad de control.
Por eso hoy mi oración es muy simple:
Señor, enséñame a confiar. Enséñame a pedir sin miedo, a creer sin reservas. Y cuando no entienda, dame paz. Cuida a los que están enfermos. Y sostén también mi corazón, que quiere creer… pero todavía está aprendiendo. Amén.
// Arianna Santamaría es de Guayaquil, Ecuador, y vive en Madrid, España junto a su esposo. Aunque creció en una familia mariana y participó desde pequeña en misiones familiares, fue en la Universidad de Miami donde vivió un encuentro más profundo con Dios, gracias a una comunidad católica auténtica, al rosario y al ministerio de llevar la Eucaristía a personas mayores. Hoy, mientras se adapta a una nueva ciudad, a su trabajo en el sector tecnológico y a su vocación de esposa, busca maneras de compartir su fe también en el mundo digital. Le encanta caminar por el parque de El Retiro con su esposo, hacer pilates, viajar y disfrutar en familia. Sus modelos de santidad son los santos esposos José y María y Luis y Celia Martin.