LECTURAS DE HOY 

“El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca”. // Mateo 7, 24

Recientemente estaba terminando una confesión cuando, de forma muy tierna, el sacerdote me recordó algo que se me había pasado: me invitó a confiar mis pecados de omisión también a la misericordia de Dios.

Y entonces esa invitación tierna me llevó a reflexionar sobre el trecho entre lo que quiero hacer, o más importante, lo que el Señor me está llamando a hacer, y lo que hago… o no hago. Tantas veces tengo buenas intenciones: de ser más generosa con los que Dios me pone a mi alrededor, de llamar a esa amiga que sé que lo necesita, de ofrecerme en servicio a los más necesitados en mi comunidad y luego, por falta de tiempo, despiste, o lo que sea, no me sale.

Hoy en el Evangelio, Jesús nos dice: “No todo el que me diga: '¡Señor, Señor!', entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos” (Mateo 7, 21). Y puede que no sea lo que queramos escuchar, de hecho es muy duro, ¡pero es tan necesario!

Me recuerda a la parábola que Jesús cuenta, también narrada por Mateo, sobre un padre que pide a sus dos hijos que trabajen en la viña. El primero dice que no quiere ir, pero luego va. Sin embargo, el segundo dice que sí inicialmente, pero luego no va. ¿Y entonces cuál de los dos hijos hizo bien? El primero.

Esto es muy poderoso porque no solo muestra la gracia que se encuentra en arrepentirse y volver al buen camino, sino que nos invita a la acción. De no quedarnos en las palabras, sino en ser dóciles al Espíritu Santo, con la valentía y fortaleza de actuar.

De ser fieles en la oración, para poder escuchar la voz del Señor y mantenernos cerca de Él. De ir a misa, adoración e incorporarnos en la vida de nuestra parroquia para poder recibir los sacramentos y estar en comunión con la Iglesia. De edificar nuestra casa, nuestra vida, sobre la roca para poder hacer la voluntad de Dios y así un día ir al cielo.

Hoy, hermana, al igual que el sacerdote en mi confesión, Jesús nos pone delante una dura realidad. Pero también nos invita con ternura a despertarnos del sueño y las distracciones del mundo, y ponernos en camino. Te invito a que tomes un momento en la oración para preguntarle al Señor cómo te está llamando a poner su Palabra en acción y en qué áreas de tu vida te está invitando a construir sobre la piedra angular, Jesucristo.

Mi amado Jesús, concédeme el don de la fe. Dame la sabiduría de conocer Tu voluntad y la fortaleza de ponerla en práctica. Protégeme de la pereza y la indiferencia para que pueda ser sierva fiel tuya en mi día a día, hasta en lo más pequeño. No abandones la obra de Tus manos. Te quiero. Amén.

// Ashleigh Ladner es hermana, amiga, madrina, tía, traductora y profesora, y sobre todo, hija amada de Dios. Originalmente de New Orleans, Louisiana, actualmente está viviendo en Madrid, España. Le encanta viajar y conocer lugares nuevos, leer, un buen expreso, y los girasoles. Sus modelos a seguir en la vida son santa María Magdalena, san Ignacio de Loyola, san Juan, y santa Teresa de Jesús.

 

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