LECTURAS DE HOY 

“Sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.” Mateo 5, 45

Estos días de mi vida estoy de tiempo completo con mi hijo de tres años. Por eso me encuentro varias veces como el árbitro entre los pequeños, tratando de asegurar que mi hijo siga aprendiendo a compartir, a pedir disculpas cuando sea necesario, y también a la vez, dejar que jueguen y sean niños.  Desde esta temprana edad tienen un sentido de la justicia inmensa y empiezan a razonar, recordar, y poner en práctica lo que les estamos enseñando. 

Hoy, en un playdate semanal que hacemos en casa, mi hijo me preguntó si unas galletitas que trajeron eran un regalo para nosotros. Ya veía por donde iban sus pensamientos. Si era un regalo para nosotros, él razonaba, ¿por qué teníamos que compartirlo con los demás? Quería las galletas para él y yo solos. 

Cuando leo el Evangelio de hoy, Jesús nos dice que estamos llamadas a ejercer una justicia que a veces es diferente a lo que hemos aprendido. Es una justicia que no se ve muy justa a veces– una que es generosa en misericordia, una que da libremente a los demás en vez de querer quedarse solo con lo que Dios le da. Claro que nos cuesta, pero es necesario darnos cuenta de que Dios es mucho más misericordioso en su justicia que nosotras. 

A veces pensamos que somos los árbitros en los asuntos de Dios y los demás y pensamos, “No puede ser que Dios perdone a esa persona” o más aún, “Esa persona no merece eso” y la lista sigue. Pero Cristo nos recuerda que nuestro buen Dios hace que el sol brille sobre todos, sin distinguir entre bueno y malo. Es decir, Él hace brillar su rostro, su amor, su perdón y su gracia sobre todos. Si queremos ser como Dios, debemos amar no tan solo a los que nos aman y nos tratan bien, sino también a los que no nos caen muy bien, los que nos enojan o causan dolor, los que no podemos entender o perdonar (Mateo 5, 44, 46).

Hermana, que en el día de hoy dejemos que el Sagrado Corazón de Jesús nos llene de su mismo amor por la humanidad para que podamos amar sin limites y ser generosas con nuestra misericordia, así como es Él con nosotras. 

// Rocío Hermes es mamá y ama de casa. Ella nació en la República Dominicana y fue criada en los Estados Unidos. Le apasiona construir comunidad, preparar postres y escribir poesía. Tiene una maestría en Teología y ha vivido como misionera en Etiopía. Después de vivir más de tres años en Alemania, reside ahora en Israel con su esposo alemán y su hijo. Colabora como autora en Blessed Conversations: Dwell. Puedes leer sus reflexiones sobre la vida de fe en graceandmercyblog.com.

 

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