LECTURAS DE HOY

“Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.” (Mt 5,3)

Llegué corriendo a misa, desbordada por los acontecimientos del día. Todo parecía tambalearse bajo mis pies, como si el suelo ya no fuera firme. Me preguntaba cómo podía existir tanta crueldad, cómo Dios podía permitir ciertas injusticias. En medio de todo, sólo podía repetir: Señor, ¿dónde estás?

Y allí estaba. 
En la Palabra, que me devolvió la certeza de que Dios me veía en mi sufrimiento y que me iba a cuidar como a la niña de sus ojos. 
En la homilía, que parecía hablar directamente a mi corazón, con las palabras que necesitaba escuchar justo en ese momento.
Y en la Eucaristía, que me dio vida cuando por dentro me sentía agotada, casi muerta.

Hoy la Palabra me recuerda precisamente eso. En la primera lectura, Sofonías nos asegura que Dios cuida de los humildes (Sof 2,3; 3,12-13). Dios no es indiferente a nuestro dolor, hermana. Al contrario, nos invita a unir nuestro sufrimiento al de Cristo, con humildad y amor. Ahí, misteriosamente, está nuestra salvación.

Durante mucho tiempo pensé que ser “pobre de espíritu” significaba resignarse, dejarse arrastrar por el oleaje de la vida, con la cabeza agachada, sin hacer nada. Hoy entiendo que es otra cosa: es liberarme de lo que me ata: de mi orgullo, de la necesidad de tener razón, del deseo de controlar lo que me pasa o cómo me ven los demás. Es soltar esas cargas que me agobian y aprender a confiar en Él.

El salmo nos recuerda que el Señor abre los ojos de los ciegos, sostiene al que cae y cuida de los más frágiles (Sal 145: 7-10). Cuando dejo de resistirme, su gracia encuentra espacio para actuar: en la Eucaristía, en la confesión, en la oración, en los pequeños gestos de amor en el día a día. 

Y no hay que tener miedo. Dios elige a quienes el mundo considera débiles o insignificantes (1 Cor 1:26-29). Para que nos gloriamos no en nosotras mismas, sino en Él quien nos lo da todo.

Hermana, ¿Qué significa para ti, hoy y ahora, ser “pobre de espíritu” en medio de esta situación concreta que estás viviendo? ¿Confías que el Señor transformará tus lágrimas en alegría? 


Mi amado Jesús, ayúdame a confiar en Ti, a vivir mi pequeñez con alegría y a reconocer Tu fuerza en mi debilidad. Amén.

// Ashleigh Ladner es hermana, amiga, madrina, tía, traductora y profesora, y sobre todo, hija amada de Dios. Originalmente de New Orleans, Louisiana, actualmente está viviendo en Madrid, España. Le encanta viajar y conocer lugares nuevos, leer, un buen expreso, y los girasoles. Sus modelos a seguir en la vida son santa María Magdalena, san Ignacio de Loyola, san Juan, y santa Teresa de Jesús.

 

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