“Es cierto lo que les digo: les conviene que me vaya; porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito; en cambio, si me voy, yo se lo enviaré”. // Juan 16, 7
“¿A dónde va?” le pregunté a mi párroco. Era mi primer año en el ministerio trabajando en una parroquia, y llegué a querer muchísimo a ese sacerdote.
“Tengo que irme, hija. Pero sé que vas a estar bien, porque tú lo conoces a Él.”
Recuerdo que me puse muy nerviosa. Ese sacerdote me había dado la oportunidad, confiando en mí. Yo era muy joven, no tenía experiencia trabajando en una parroquia y tampoco tenía formación teológica. Él vio algo en mí que yo todavía no podía ver. Muchas veces me preguntaba por qué había confiado en mí siendo tan joven, viendo algo más grande que Dios ya estaba obrando en mi vida.
Su partida fue difícil para mí. Tenía miedo y no me sentía muy apoyada, y no estaba segura de cómo iba a seguir con el ministerio. Las palabras que me dijo en su oficina resonaban en mi corazón: “Sé que vas a estar bien porque tú lo conoces a Él.”
Fui a la capilla y me senté allí, hablándole al Señor: “¿Por qué te lo llevaste? ¿Y ahora qué hago?” Y sentí al Señor mirarme con tanta ternura y decirme: “Me tienes a mí.”
Y ahí, mi misión en la Iglesia realmente comenzó. Sostenida por la oración, volviendo a intentar, conociendo mi propia humanidad, siendo paciente conmigo misma… y volviendo a intentar.
Muchas veces regreso a ese momento de mi vida y me pregunto: ¿Cómo lo hice? Y puedo reconocer que no fue mérito mío. Ese sacerdote tenía razón: todo es Él. Fue Él quien me guió, me amó, me animó y me sostuvo.
En el Evangelio de hoy, vemos el miedo y la inquietud que experimentan los apóstoles cuando el Señor se va. Pero Él les hace una promesa: el Paráclito. Y hoy, dos mil años después, la Iglesia sigue caminando gracias a su obediencia, su amor y su docilidad al Paráclito.
Aquí hay algo en común: le hicieron espacio en sus corazones.
Hermana, ¿en qué parte de tu vida necesitas hacer espacio para que el Paráclito actúe? ¿Hay áreas de tu corazón que necesitan rendirse a la voluntad de Dios para dejarlo guiarte?
Hoy, abre un poquito más tu corazón. Permítele acercarse… Él permanece contigo.
// Ashley Diaz es estudiante, amiga, hermana y amada de Jesús. Ha sido católica toda su vida pero hizo suya su fe después de experimentar a Cristo en la Eucaristía a los 16 años. Actualmente está en la escuela terminando su licenciatura en Teología en la Universidad Franciscana. ¡Ella ha trabajado en la vida parroquial desde hace 5 años y le encanta servir a los corazones de la gente de Dios! Su misión en la vida es: Ver plenamente un alma y amarla plenamente después. Puedes encontrarla pasando tiempo con sus amigos, leyendo un buen libro, o en la capilla contemplando el corazón eucarístico del Señor.