LECTURAS DE HOY

“Después de breves sufrimientos recibirán una abundante recompensa, pues Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí”. // Sabidurίa 3, 5

Hace dos años mi tío tuvo una emergencia médica. Acompañé a mi papá a visitarlo junto a mi hijo–lo que sería mi última vista de él. El se alegró tanto al vernos, olvidándose por un momento de sus dolencias y el futuro. Pero en medio de esa reunión feliz, percibí algo. Veía en los ojos de mi tío que él sentía la cercanía de su muerte. Tres días después, él falleció, solo dos días después de la fiesta de Los Fieles Difuntos. 

Para mi tio, la fecha de hoy era sumamente importante. Él era devoto al rezar por los difuntos. Dedicaba todo su tiempo libre para liderar los rosarios y las oraciones por los difuntos durante los nueve días después de que fallecían–una tradición que sigue viva en la República Dominicana y en otros países. 

El celebrar esta Conmemoración de Todos Los Fieles Difuntos es acordarnos de todos aquellos que se han ido de esta vida con su esperanza puesta en Dios. Pensamos también en aquellos que quizás, a los ojos del mundo, nunca se arrepintieron, pero la Iglesia nos enseña que nadie puede pasar juramento sobre los difuntos, solo Dios (vea Catecismo de la Iglesia Católica, 1039-1041). Es pensar en los que no tienen a nadie que lo lamenten ni lo recuerden. Es pedirle a Dios por ellos Su misericordia, que lo abarca todo y sobrepasa las barreras del tiempo. 

Rezar, hermana, por nuestros fieles difuntos y pedirle a Dios que les enseñe Su Rostro es una gran bondad. No hay otra manera más pura de amar a los que han fallecido sino primero pedir que el amor penetrante y sanador de Dios los transforme y los purifique por completo para que puedan disfrutar y gozar de Su presencia, ya dejando atrás la lamentación, vergüenza, y tristeza de este mundo (vea Catecismo de la Iglesia Católica, 1031-1032). 

Recemos hoy por todos los fieles difuntos de nuestras familias y parroquias, que puedan recibir su “abundante recompensa”, recibiendo la plenitud de Dios mismo.

// Rocío Hermes es mamá y ama de casa. Ella nació en la República Dominicana y fue criada en los Estados Unidos. Le apasiona construir comunidad, preparar postres y escribir poesía. Tiene una maestría en Teología y ha vivido como misionera en Etiopía. Después de vivir más de tres años en Alemania, reside ahora en Israel con su esposo alemán y su hijo. Colabora como autora en Blessed Conversations: Dwell. Puedes leer sus reflexiones sobre la vida de fe en graceandmercyblog.com.

 

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