“Se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.” // Filipenses 2, 8
Me encuentro frente a mi parroquia, entre una multitud. Con una palma en la mano, me esfuerzo por escuchar al diácono relatar la historia de la entrada de Jesús en Jerusalén. Las hojas de palma se combinan con la música mientras entramos arrastrando los pies, lo que me parece una pobre recreación de aquel día lejano. En lugar de nuestros cantos desganados, imagino hosanas gritados a todo pulmón. Me pregunto qué esperanza y alegría sintieron al proclamar a Jesús como su Rey.
Hace poco estaba dispuesta a unir todos mis sacrificios cuaresmales al sufrimiento de Cristo. En mi corazón solo veía amor por Él. Y, sin embargo, aquí estoy, en el Domingo de Pasión.
Me esfuerzo por concentrarme en la historia detallada de la traición, la tortura y la muerte de Jesús en la cruz. ¡Qué lectura tan larga! No me gusta la parte que me asignaron en la lectura; no quiero ser uno de los que gritaron: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”.
Sin embargo, hay algo apropiado en esto. Yo también quiero ser gobernada por Jesús, pero ignoro sus tiernos consejos cuando me cuesta algo. Sí, soy una pecadora que necesita su misericordia.
La buena noticia es que Jesús mira con amor a toda la multitud y a cada persona que la compone. Al entrar en la Semana Santa, dejemos que su mirada amorosa nos penetre. Recibámoslo en la Eucaristía con amor y devoción. Recordemos que vino a salvarnos, ¡y nos salva!
Él nos salva del perfeccionismo, de la duda, de la ansiedad y de la confusión. Nos salva del orgullo, la lujuria y la avaricia. Nos salva de nuestras fantasías y nos arraiga en la realidad de su presencia real con nosotras.
Oremos para recibir su misericordia: Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, ten misericordia de mí, pecadora.
// Lani Bogart era una niña pequeña cuando empezó a amar a Jesús. Casada en 1976, fue recibida en plena comunión con la Iglesia católica con su familia el Domingo de Gaudete de 1996. Viven en Houston, Texas donde su familia le brinda una alegría inexpresable y continúa enseñándole la importancia de conocer y amar a Jesús. Lani se deleita con las flores, la música y las risas de familiares y amigos. Puedes leer más en Lanibogart.blog.