LECTURAS DE HOY

"Sal a los caminos y a los cercados, y obliga a la gente a entrar, para que se llene mi casa." // Lucas 14, 23

Me sentía completamente abrumada por una angustia insaciable mientras pasaba meses volcando mi corazón en una intención que pesaba mucho en mi corazón. Esa intención no se estaba resolviendo de la manera que yo deseaba. Mi autosuficiencia y mi control hicieron que mi intercesión se convirtiera en un lugar donde trataba de “ser” Dios. Estaba convencida de que el resultado dependía únicamente de mí. Con el paso del tiempo, e incluso ahora, todavía tengo que enfrentarme a mi pequeñez, lo que a veces me resulta desalentador. Sin embargo, me ha permitido abrir mi corazón a una realidad más profunda de quién es Él.

En la primera lectura de hoy, me cautivó el exhorto de san Pablo a "tener entre ustedes los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús" (Filipenses 2, 5). Luego, al describir la humildad de Jesús ante el Padre, Pablo escribe: "el cual, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina" (Filipenses 2, 6). Jesús no usaba Su identidad para controlar; en cambio, era humilde y obedecía la voluntad del Padre.

Jesús sabe quién es Él y quién es el Padre. Nuestros caminos de fe requieren humildad unos con otros y humildad con Dios, como afirma el Catecismo: "La humildad es el fundamento de la oración" (CEC 2559). He luchado con esta virtud, a menudo confundiéndola con el odio a mí misma. Pero estoy aprendiendo que la humildad está haciendo que mi corazón se vuelva hacia Dios. Es recordar quién es Dios y quién soy yo. El Señor se deleita en la pequeñez porque invita al corazón a depender completamente de Él, Quien provee más de lo que nosotras pudiésemos imaginar. La grandeza de nuestro Señor no se basa en el control; Él actúa únicamente por amor puro y sacrificado: "se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz" (Filipenses 2, 8).

La humildad nos permite reconocer nuestras áreas de debilidad, lo cual es necesario para nuestro crecimiento espiritual. Pero esta virtud es más que mirar hacia adentro. La humildad nos arraiga en nuestra identidad y revela nuestra necesidad incesante del Señor. Abre nuestros corazones para permitirle hacer solo lo que Él puede hacer. Recordemos quiénes somos nosotras y quién es Él.

Hermana, te invito a pasar un poco de tiempo con el Señor, meditando sobre la virtud de la humildad. Pídele que te conceda un mayor conocimiento de quién es Dios y quién eres tú.

// Bella Rol es estudiante universitaria de Monterey, California, y le apasiona encontrar al Señor en las cosas sencillas. Colaboró como autora en New Wine y GIFT: Eucharistic Study for Teens. En su tiempo libre, disfruta reírse con sus tres hermanos, tomar un latte espumoso, escribir en su diario, dibujar, contemplar a Jesús en la Eucaristía, dar largos paseos y pedir la intercesión de san José.

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