LECTURAS DE HOY 

“Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platillos sustanciosos.” // Isaías 55, 2

Llevo tres semanas desde que me mudé a Florida y Dios ha estado presente en cada momento, previendo mis necesidades desde antes de estar aquí. La movida a este nuevo estado no era parte de mi plan. Yo pensé que para este tiempo estaría empezando mi trayectoria como directora de alguna escuela católica en Oklahoma. Pero Dios abrió las puertas para llegar hasta Florida y cerró las puertas de oportunidad en Oklahoma. 

Una de las razones, que yo creo con todo mi corazón, por las que me abrió las puertas para llegar aquí fue porque necesitaba descansar. Aunque mi llegada empezó con la pérdida del cuarto que iba a rentar, Dios proveyó. Con la ayuda de la comunidad de mi nuevo trabajo, tengo dónde vivir durante los primeros tres meses en este nuevo estado. Dios me trajo a esta vivienda para que, con calma, pudiera buscar algo más permanente.

Sin embargo, en lugar de entrar y aceptar esa calma, a los pocos días empecé a buscar una nueva vivienda porque sentía la ansiedad de que, si no la buscaba en ese momento, no encontraría nada después. Aunque Dios había dejado muy claro que podía descansar y disfrutar de donde estoy, mi ansiedad y necesidad de proveer por mí misma me ganaron. Me encontré con las manos llenas de mis propios planes, incapaz de recibir lo que Dios me quería ofrecer.

Sentada aquí frente a estas Escrituras, no puedo ignorar que me encuentro en ellas. Soy una alumna sentada frente al gran Maestro, quien me dice: «Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platillos sustanciosos». El mensaje llega a mi corazón: «Mi promesa, hija mía, es que Yo proveeré todo lo que necesitas en cada momento».

Jesús demuestra la providencia del Padre en el Evangelio de hoy (Mt 14, 13-21) cuando, con solo cinco panes y dos peces, da de comer a más de cinco mil personas. Todos comen bien e incluso sobra comida. Dios no solo provee lo necesario; Él provee en abundancia.

Hermanas, hoy preguntémonos en oración: ¿Con qué estoy reemplazando la abundancia de Dios? ¿Cuáles son mis cisternas agrietadas? ¿Cómo quiere el Señor proveer en mi vida?

Todo lo que necesitamos lo tenemos con Él. 

// Claudia Rodriguez ahora vive en Pensacola, Florida donde pasa mucho tiempo explorando ese bello pueblo y todas sus playas. Empieza cada día con gratitud por la Divina Providencia de Dios. Uno de sus deseos es conocer a su futuro esposo y seguir viviendo como hija de Dios siguiendo el movimiento del Espíritu Santo. Su sanación se puede ver en el gozo que vive cada día y en el servicio que brinda con su vida al cuerpo de Cristo. 

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