LECTURAS DE HOY 

Así pues, cumplir perfectamente la ley consiste en amar. // Romanos 13:10

Me tomó mucho tiempo entender que las correcciones que recibía de mis papás, de los sacerdotes en mi vida y de mis amigas también eran una forma de amor. Cuando me faltaba caridad, obediencia o simplemente amor, las personas que me rodeaban me lo hacían ver.

Y, para ser honesta, muchas veces me ponía a la defensiva. Creo que, en el fondo, era por vergüenza. Me daba pena reconocer que había hecho algo mal. Pero con el tiempo aprendí algo: amar también significa tener un corazón dispuesto a recibir.

Una vez, después de ver cómo había manejado una situación difícil en una parroquia, un sacerdote amigo me preguntó: «¿Estás respondiendo desde el amor?»

Me acuerdo de esa pregunta porque, aunque me dio mucha vergüenza en el momento, también pude sentir que venía de un lugar de amor. Él no me estaba corrigiendo para hacerme sentir mal. Me estaba ayudando a ver algo que yo no podía ver por mí misma.

Yo tenía dos opciones: ponerme a la defensiva y dejar que la vergüenza endureciera mi corazón, o recibir la corrección con humildad y permitir que Dios trabajara en esa parte de mí que necesitaba ser transformada para poder amar mejor.

En las lecturas de hoy, vemos este mismo llamado. Dios hace de Ezequiel un centinela para su pueblo, y Cristo les pide a sus discípulos que corrijan a sus hermanos cuando se alejan del camino. En estos acontecimientos, hay un hilo unificador: el amor. El amor a Dios y el amor al prójimo. el amor. 

Puede que esto nos incomode. No es fácil corregir a alguien que amamos, pero tampoco es fácil dejarnos corregir. Por eso el salmo nos recuerda: «No endurezcan su corazón.» (Salmo 95:8) Y San Pablo nos recuerda que «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» (Mateo 22:39)

Hermana, hoy pidamos un corazón humilde: dispuesta a recibir corrección y dispuesta también a corregir con caridad. Porque el camino al cielo está lleno de caídas, errores y oportunidades para volver a empezar.

Que aprendamos a amar así: dejándonos corregir con humildad y corrigiendo desde el amor.

// Ashley Diaz es estudiante, amiga, hermana y amada de Jesús. Ha sido católica toda su vida pero hizo suya su fe después de experimentar a Cristo en la Eucaristía a los 16 años. Actualmente está en la escuela terminando su licenciatura en Teología en la Universidad Franciscana. ¡Ella ha trabajado en la vida parroquial desde hace 5 años y le encanta servir a los corazones de la gente de Dios! Su misión en la vida es: Ver plenamente un alma y amarla plenamente después. Puedes encontrarla pasando tiempo con sus amigos, leyendo un buen libro, o en la capilla contemplando el corazón eucarístico del Señor.

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