LECTURAS DE HOY 

"Nosotros predicamos a Cristo crucificado, que es un escándalo para los judíos y una locura para los paganos" // 1 Corintios 1, 23

Viviendo en Tierra Santa estos últimos dos años, he conocido a personas interesantes. Algunas son tan creyentes y judías que ni me miran y no caminan, corren, para llegar a la oración a tiempo, a veces dando sus empujones cuando es necesario. Otros judíos son un poco antiguos y un poco modernos. Hay algunos que se llaman judíos mesiánicos: creen en Jesús como el Mesías, pero siguen rituales judíos. Están los cristianos, con tantas profesiones distintas de la misma fe y un poco difíciles de encontrar, aunque a veces nos sorprende un rosario colgado del espejo retrovisor de un carro. Hay musulmanes que nos hablan y otros que solo se preguntan por qué nos vestimos tan raro. Tenemos en Tel Aviv tantos amigos ateos que ahora casi siempre asumo que no quieren saber de Jesús.

Pero recientemente una amiga de esta última "categoría" nos sorprendió diciendo que se quiere bautizar como cristiana. Aún no sabemos en qué terminará esta situación, si es de juego, pura curiosidad o algún encuentro con nuestro Dios que la ha abierto a proclamar tal cosa, pero rezamos por ella y nos mantenemos a su disposición. Así como nos recuerda san Pablo, nosotros no tenemos que administrar el bautismo, pero sí tenemos que predicar el Evangelio. Más que con palabras, hay que dejar que hable la elocuencia de la Cruz (1 Corintios 1, 17).

Como en el tiempo de san Pablo, aún vemos hoy en día que predicar a un Mesías crucificado por amor a nosotros, resultando en nuestra salvación copiosa, es un escándalo para algunos y, para otros, una locura (1 Corintios 1, 23). Aun así, al predicar esta verdad poderosa por medio de nuestras vidas, vemos que la conversión del corazón humano sigue siendo una respuesta a esta locura del Evangelio, "la locura de Dios" (1 Corintios 1, 25).

Le pido a nuestro Dios que, ya sea que estemos solo empezando este proceso de conversión o quizás desde niñas ya nos haya convencido el escándalo de Cristo crucificado, podamos seguir fieles en este camino de fe y enamoradas del Dios que nos ama con locura. Te invito a rezar con las palabras de san Agustín, cuya fiesta es hoy y quien conoce muy bien lo que es enfrentarse con la verdad del Evangelio y ser transformado.

"¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! […] Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti".  (Confesiones, Libro 10, capítulo 27).

// Rocío Hermes es mamá y ama de casa. Ella nació en la República Dominicana y fue criada en los Estados Unidos. Le apasiona construir comunidad, preparar postres y escribir poesía. Tiene una maestría en Teología y ha vivido como misionera en Etiopía. Después de vivir más de tres años en Alemania, reside ahora en Israel con su esposo alemán y su hijo. Colabora como autora en Blessed Conversations: Dwell. Puedes leer sus reflexiones sobre la vida de fe en graceandmercyblog.com.

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