LECTURAS DE HOY

“Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto”. // Lucas 1, 78

Una vez pasé la Navidad (según el calendario etiope ortodoxo) en un desierto. La noche, llena del silencio y la oscuridad abrumadora para ojos como los míos–acostumbrados a la luz de edificios, lámparas de calle, pantallas de teléfonos o televisor–me enseñó mucho sobre la vida espiritual. Al estar en la oscuridad una luz se destaca mucho, sea de la luna, las estrellas, o una linterna. A veces, mirar hacia esa luz ofende a nuestros ojos, preferimos a veces quedarnos en las esquinas oscuras para no tener que enfrentarnos con tanta claridad. Pero al ajustar los ojos, y mirar hacia abajo, podemos ver que la luz que brilla nos va alumbrando el camino, un paso a la vez.

Zacarias, el papá de Juan Bautista, al ver el ángel del Señor brillante en el templo, sintió temor (véase Lucas 1, 12). No veía todo el plan, no entendía por completo el mensaje del ángel anunciando el nacimiento de Juan. Al quedar mudo por mandato del ángel, entendió que era una visita divina y un mensaje verdadero. En la oscuridad de su vejez, la esterilidad física de la pareja, y la gran espera del pueblo de Israel para el prometido Mesias, brilló una luz en el santuario del Señor. Él pudo aceptar la luz y tomar el próximo paso. 

Al nacer su hijo y darle por nombre Juan, como había sido mandado por el ángel Gabriel, Zacarias exclamó de lo más profundo de su ser, de su oscuridad, de su debilidad y dudas cubiertas ahora por luz y amor: 

“Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto

para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte,

para guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lucas 1:78-79)

En nuestra oscuridad, en nuestras noches de desiertos, en cada lugar donde hay tiniebla en nosotras o una sombra de muerte que nos persigue, el Señor Jesús ha nacido como niño en Belén hace dos mil años para alumbrar nuestras vidas ahora, hoy en día, en este momento exacto. 

Hermana, te invito a preguntarte: 

¿Hay cosas en mi vida que no me dejan ver la luz de Dios? 

¿Hay quizás situaciones en la cual no sé qué hacer y en vez de acudir al Señor, busco la respuesta en la oscuridad del mundo? 

Dejemos que la Luz que alumbra cada noche, nos llene, nos envuelve en su brillantez, para que podamos decir con Zacarias, hoy, en mi vida, El Señor ha visitado y redimido su pueblo (véase Lucas 1:68).

// Rocio Hermes

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