A veces puedo pensar que seguir a Dios significa vivir atrapada en reglas, expectativas o una lista interminable de “deberías”. Pero en este Evangelio, Jesús me recuerda algo importante: Él no vino a borrar la ley, sino a darle plenitud. O sea, vino a enseñarme el verdadero sentido del amor, la fidelidad y la autenticidad.
La vida puede sentirse como una mezcla entre estabilidad y caos. Queremos crecer profesionalmente, cuidar nuestras relaciones, tener paz mental y también mantener viva nuestra fe. Pero en medio de agendas llenas, es fácil vivir en automático y olvidar que los pequeños actos también cuentan para Dios.
Jesús habla incluso de “la más pequeña letra”. Eso me hace pensar que nada de lo que hacemos con amor pasa desapercibido. Ese mensaje que enviaste para animar a una amiga, el perdón que decidiste dar aunque dolía, lavar un traste que tú no usaste en tu hogar, el tiempo que sacaste para orar aunque estabas agotada… todo eso tiene valor eterno.
San Juan Eudes predicaba: “¡Corazón de mi Salvador!, amabilísimo y todo amor, sé el corazón de mi corazón, el alma de mi alma, el espíritu de mi espíritu, la vida de mi vida, y el principio único de mis pensamientos, palabras y obras, de todo el uso de las facultades de mi alma y de todos los sentidos interiores y exteriores”.
Qué oración tan hermosa y tan real para nuestra vida diaria. Porque al final, Dios no sólo quiere que “cumplamos” externamente, sino que nuestro corazón se parezca cada vez más al de Cristo: más paciente, más auténtico y más lleno de amor en lo pequeño. Y que nuestro corazón sea como Su corazón, y que nuestras vidas sean un reflejo de la vida y obra de Jesús mismo.
Dios no busca perfección de Pinterest ni espiritualidad “instagrameable”. Busca un corazón dispuesto. Uno que trate de vivir con coherencia, incluso en lo cotidiano.
Hoy, hermanas, Jesús nos invita a algo simple pero profundo: no vivir la fe sólo de palabra, sino dejar que transforme cómo amamos, trabajamos, descansamos y tratamos a los demás. Porque al final, la santidad muchas veces se ve en las cosas pequeñas. Que Su Corazón, sea nuestro corazón!
// Jocelyn Tejeda ama al Sagrado Corazón de Jesús y María. Nativa de San Diego y con raíces familiares en Oaxaca, México, estudió ciencia política y sociología en la Universidad de California, Irvine. Jocelyn representa a los Estados Unidos en el Comité Internacional de la Juventud Misionera Eudista de la Congregación de Jesús y María (CJM). Disfruta ser hija, hermana, madrina y tía. Sus pasatiempos favoritos son leer un buen libro con un cafecito y viajar ya sea por aventuras, misión… o partidos de fútbol!