LECTURAS DE HOY 

Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. // Mateo 11,25

Hace algunos días tuve la oportunidad de vivir un taller muy especial en mi comunidad, donde reflexionamos sobre la carta apostólica Mulieris Dignitatem, de san Juan Pablo II. Entre tanta riqueza espiritual, recuerdo especialmente estas palabras: “La unión matrimonial exige el respeto y el perfeccionamiento de la verdadera subjetividad personal de ambos” (Mulieris Dignitatem, 10).

Esta reflexión encuentra eco en la primera lectura de hoy, donde San Pablo nos invita a vivir el matrimonio desde el respeto y la entrega mutua. En mi matrimonio, he sido testigo de cómo Cristo nos enseña a amarnos y entregarnos mutuamente. San Pablo nos recuerda:’’Respétense unos a otros, por reverencia a Cristo’’ (Efesios 5,21). Esto me hace reflexionar sobre la docilidad, que no significa humillación, sino una forma de amar desde el respeto, siguiendo el ejemplo de Cristo.

En el Evangelio de hoy escuchamos que Jesús dice: “¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Se parece a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció y se convirtió en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas”. Y dijo de nuevo: “¿Con qué podré comparar al Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa”. (Lucas 13, 18-21). 

¡Qué esperanza me da recordar que Dios hace crecer lo pequeño! En ocasiones, especialmente en el ámbito laboral, me he sentido así: pequeña, consciente de todo lo que me falta por aprender y de las habilidades que todavía necesito desarrollar. Entonces olvido que Dios también obra a través de mis pequeños síes, de mi disposición y de aquello que hoy puedo ofrecer.

Me conmueve imaginar esa levadura como lo que yo aporto: algo que quizá parece insignificante, pero que, en las manos de Dios, puede transformar mucho más de lo que alcanzo a ver.

Recemos juntas: 

Espíritu Santo, ayúdame a vivir y perfeccionar mi amor en la realidad que hoy me toca. Cuando la presión empañe mi mirada, recuérdame que Dios también está presente en lo sencillo. Pongo mi vida en Tus manos, confiando en que Tu Palabra siempre puede dar fruto en mí. Amén. 

// Valeria Jáquez es una mujer de 30 años, esposa, maestra, hija y una profunda enamorada de su fe católica. Su caminar con Cristo comenzó desde la adolescencia en grupos parroquiales. En la parroquia Nuestra Señora de la Paz en Ciudad Juárez, Chihuahua, sirvió inicialmente en talleres infantiles y, posteriormente, en el equipo de liturgia como Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión. Al concluir estas etapas de servicio, y como fruto de una inquietud por buscar su vocación, fundó en 2017 la comunidad para mujeres Ishabethel, donde sigue sirviendo con amor hasta el día de hoy. A Valeria le apasiona vivir en cercanía y aprender constantemente del Espíritu Santo, así como profundizar en la espiritualidad de la mujer, compartiendo y brindando talleres que nos acerquen a Cristo en nuestra realidad diaria.

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