LECTURAS DE HOY

“Es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios.” // Hechos 14, 22

Las lecturas de los Hechos de los Apóstoles durante el tiempo de Pascua nunca dejan de asombrarme. La primera lectura de hoy no es la excepción. Pablo acababa de ser apedreado por una multitud y fue arrastrado fuera de la ciudad. Pensaron que estaba muerto, pero: “Cuando lo rodearon los discípulos, Pablo se levantó y regresó a la ciudad”. Espérate, ¿¡cómo!? ¿Cómo puede un hombre que se creía muerto simplemente levantarse y empezar a caminar?

Debo creer que fue por el poder de la oración. Los discípulos se habían reunido a su alrededor, y Jesús prometió: “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18, 20). Me parece interesante que no se lamentaran a gritos por Pablo. Parece que su fe era tan fuerte que sabían que Dios lo sanaría. Y al día siguiente, Pablo ya estaba de camino de nuevo, dirigiéndose a otra ciudad para difundir la Buena Nueva.

Así como Jesús habla de hacer todo lo que el Padre manda en el Evangelio de hoy, así también Pablo y sus compañeros continuaron haciendo la voluntad del Padre a pesar de esta experiencia cercana a la muerte, y a eso también estamos llamados nosotros. El mundo puede desanimarnos con su maldad y persecución, pero Jesús nos asegura: “La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden”.

Jesús nos concede una paz que desafía toda lógica mundana. Podemos encontrarnos en medio de circunstancias extremadamente difíciles, como le sucedió a Pablo, y aun así estar en paz. Porque la paz no proviene del mundo y sus manías, sino de Dios y su dulzura.

Hermanas, hoy te invito a acompañarme en la oración: detengámonos un momento en silencio y entreguemos al Señor aquello que más nos inquieta. Pidámosle su paz, esa que no depende de las circunstancias, y confiemos en que Él está obrando, incluso cuando no lo vemos.

// Tami Urcia es miembro de una familia católica muy grande. Ella y su esposo Peruano tienen cinco hijos pequeños y viven en Michigan. Durante su juventud, Tami pasó unos años como misionera en México y ha trabajado para la Iglesia casi toda su vida en diferentes capacidades. Ha sido traductora por más de 20 años.

 

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