LECTURAS DE HOY

Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, les conceda a ustedes vivir en perfecta armonía unos con otros, conforme al espíritu de Cristo Jesús, para que, con un solo corazón y una sola voz alaben a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. // Romanos 15:5

Respira hondo. El aire fresco de diciembre susurra: Dios viene. Y con Él, llega la paz. No un estruendo ni un clamor, sino una luz suave que toca el rostro, un susurro que calma el corazón inquieto. Hoy encendemos la segunda vela de adviento, la vela de la paz.

Observa su llama temblorosa. Permite que su luz toque tus sombras. Deja que tu alma aprenda a iluminar desde adentro. A veces, los caminos del corazón se enredan, y la duda y el miedo parecen gobernar la jornada. 

Yo lo sentí profundamente en un viaje de regreso a casa. Mirando por la ventana del avión,
sintiendo el peso de lo desconocido. Mi corazón rezaba: “Señor, dame paz. Déjame respirar.” Me sentía esclava de mis propios temores. Entonces pregunté: ¿Siempre sentiré esto?”

Y el sol se posó sobre mi rostro. Un instante pequeño y luminoso. Una paz inmensa me abrazó. Era su voz como si me estuviera diciendo, “Aquí estoy. Búscame en tu vida cotidiana.”

Allí es cuando entendí: hay que aprender a verlo en lo simple. Lo encontré en los ojos de mi madre, en la luz del sol, en la sonrisa de un bebé, en las manos que prepararon mi café. Cada gesto pequeño, un recordatorio de su presencia, un momento de paz y respiro.

Este domingo San Juan Bautista nos dice: “Enderecen sus senderos.” 

Adviento es abrir espacio en nuestro corazón, suavizar los caminos torcidos y dejar que la luz de Dios fluya sin obstáculos.

La paz verdadera no necesita ruido. Solo un corazón dispuesto a abrirse, a reconciliarse, y a confiar. Hermana, te invito a preguntarte: ¿Qué espacios de mi corazón necesitan abrirse para recibir su paz? ¿Qué senderos en mi vida necesitan enderezarse?

Que esta vela nos recuerde: la paz no es un destino lejano. Está aquí, en lo cotidiano, en cada mirada, en cada rayo de sol, en cada gesto pequeño de amor.

Así que respira, mira la luz y siente su paz. Dios está contigo. Siempre.

// Ashley Diaz es estudiante, amiga, hermana y amada de Jesús. Ha sido católica toda su vida pero hizo suya su fe después de experimentar a Cristo en la Eucaristía a los 16 años. Actualmente está en la escuela terminando su licenciatura en Teología en la Universidad Franciscana. ¡Ella ha trabajado en la vida parroquial desde hace 5 años y le encanta servir a los corazones de la gente de Dios! Su misión en la vida es: Ver plenamente un alma y amarla plenamente después. Puedes encontrarla pasando tiempo con sus amigos, leyendo un buen libro, o en la capilla contemplando el corazón eucarístico del Señor.

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