Ustedes, los fariseos, limpian el exterior del vaso y del plato; en cambio, el interior de ustedes está lleno de robos y maldad. ¡Insensatos! ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? // Lucas 11, 39-40
Tengo que confesarlo, sin rodeos: honestamente, he sido hipócrita.
Durante mucho tiempo viví tranquila pensando que cumplía con ser una buena cristiana y buena persona. Mandaba un mensaje rápido de cumpleaños o preguntaba un “¿cómo están?” por salir del paso. Limpiaba el vaso por fuera. Mantenía la apariencia de una relación cercana mientras la prisa me impedía hacer la única pregunta que importaba: “¿Cómo estás, de verdad?”.
Al llegar a Santo Domingo tras semanas de incertidumbre, la realidad me golpeó. Enterarme de la batalla de salud mental de mi primo hermano —y acompañar desde el corazón sus semanas en cuidados intensivos hasta su partida— me desnudó el alma. Me dolió la distancia, pero me dolió más darme cuenta de que mientras él libraba una batalla silenciosa contra la depresión, yo asumía desde Houston que todo estaba bien porque "por fuera" las cosas seguían su curso. Me llené de un remordimiento pesado por no haber preguntado con presencia real cómo se sentía.
En el Evangelio de hoy, Jesús confronta al fariseo que se fija solo en las normas externas: “Limpian el exterior del vaso... ¡Insensatos! ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior?” (Lucas 11, 39-40).
Qué fácil es caer en la dinámica de la fachada mientras en lo escondido hay corazones rompiéndose en soledad. Hoy entrego esa culpa en las manos del Señor, reconociendo que solo Él conoce y abraza las profundidades de cada alma.
Hermana, la vida es demasiado frágil para vivirla en la superficie. Hoy te hago un llamado a la empatía: a mirar más allá del "estoy bien" de quienes te rodean y a no tener miedo de mostrar tus propias grietas, con sinceridad genuina. Acércate a esa persona que Dios pone en tu mente y pregúntale desde el corazón: “¿Cómo estás, de verdad?”.
Padre, quítame las máscaras y dame ojos atentos para amar de verdad a quienes me rodean. Sana el dolor de lo que no supe ver y enséñame a descansar en Tu misericordia. Amén.
// Marlene Durán Lajara es madre, esposa y ama de casa. Nació en República Dominicana y es comunicadora social. Apasionada por la Verdad y por vivir cada día su propio fiat. Su formación en Teología del Cuerpo ha sido una herramienta que Dios ha usado para enseñarle a mirar la iglesia con profundidad y cercanía. Desde su misión digital católica, @fiatveritatis, comparte en redes sociales reflexiones que invitan a volver a las fuentes: la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio. Su mayor deseo es ayudar a redescubrir la belleza de nuestra fe y transmitirla con un lenguaje claro, fiel y lleno de esperanza, animando a profundizar en la relación con el Señor.