“El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho”. // Lucas 16, 10
Empezar algo tiene algo especial. Me acuerdo del primer día de un nuevo trabajo, poner la alarma un poco antes para salir a correr, la promesa de llamar más a esa amiga o de no contestar mal en casa. Al principio, todo parece posible. Luego llega un martes cualquiera donde he dormido poco, el trabajo se complica, nadie nota si rezo o no. Y lo que ayer era un deseo hoy se convierte en un “mejor empiezo mañana”. No porque haya dejado de querer, sino porque el amor, cuando deja de emocionar, empieza a pesar.
Jesús habla de lo poco, de lo que nadie aplaude. Solemos esperar un gran momento para demostrarle a Dios cuánto le queremos, y mientras tanto Él nos espera en la mesa de la cocina, en el mensaje que llevamos días sin contestar, en esos minutos de oración que seguimos aplazando. Ser fiel no es hacer algo extraordinario un día. Es seguir amando cuando ya no apetece.
María lo sabe mejor que nadie. Su “sí” en la Anunciación no fue una firma al pie de un contrato que ya conocía; fue el primero de miles, y lo dijo sin entenderlo todo. Lo volvió a decir de noche, camino de Egipto, con un niño en brazos y el miedo en el cuerpo. Lo repitió durante años de vida escondida en Nazaret, viviendo con fidelidad la sencillez de cada día. Y lo dijo, casi sin voz, al pie de la cruz, cuando todo lo que se le había prometido parecía roto. Su fidelidad no dependía de que las cosas salieran bien. Dependía de Él.
San Pablo, en la primera lectura de hoy, confiesa que ha aprendido a vivir en la abundancia y en la escasez. Aprendió, no le salió solo. Y su secreto no es la fuerza de voluntad, sino saber de dónde le viene la fuerza: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Flp 4, 13). Nuestra constancia viene de saber que hay días en que ser fiel consiste, sencillamente, en dejarse sostener.
Hermanas, el reto que hoy nos propongo es elegir un solo “sí” pequeño. El mío va a ser callar esa queja que a veces tengo en la punta de la lengua. No hace falta que sea grande; basta con que sea verdadero. Y mañana, vuelve a elegirlo. Si un día fallas, no empieces de cero; empieza de nuevo, que no es lo mismo.
Quizá, al final del camino, lo que más brille no sean nuestras grandes decisiones, sino una larga fila de síes pequeños que solo Dios vio.
// Elisa Gómez es una joven mitad española y mitad portuguesa, que ha sido transformada por el amor. Es la mayor de 5 hermanos y está estudiando Derecho y Relaciones Internacionales. Tiene una gran pasión de ayudar a los demás y dedica gran parte de su tiempo al voluntariado. Le fascina la belleza cada atardecer y la música. Al igual que “el amor le explicó todo”, quiere llevar ese amor a todos los que la rodean.