No entendían lo que Jesús les decía, ya que era para ellos como algo envuelto en el misterio por lo que no podían comprenderlo, y les daba miedo preguntarle sobre esto. // Lucas 9, 43b-45
«Escucha, tengo noticias importantes». Respondí a la llamada e inmediatamente percibí el dolor en la voz de mi amigaamigo.
Ella me había apoyado durante los días más oscuros de mi duelo y había sido la amiga más fiel. Ahorita, sus palabras fueron claras, pero apenas lograba comprender lo que oía. Intuí que su vida estaba a punto de cambiar y me pregunté qué significaría para mí, para nuestra amistad. Tenía muchas preguntas, pero temía hacerlas.
De igual manera, cuando Jesús dice a sus discípulos: «Prestad atención a lo que os digo: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres» (Lucas 9, 44), ellos no comprenden el sentido de sus palabras, pero temen preguntárselo. Me pregunto: ¿Soy como los discípulos, que se maravillaban de todas sus obras pero temían admitir que no entendían el significado de sus palabras? ¿Acaso presiento que podría haber sufrimiento de por medio en algo que Él me ha dicho y por eso evito preguntar?
Al meditar sobre este pasaje, Jesús me invita a recordar las promesas que me hizo y el doloroso acontecimiento que siguió. Pregunto por el sentido de lo que Él había dicho. Él me asegura que sigue actuando y que cumplirá su promesa, y que puedo preguntarle cualquier cosa, confiando sin reservas.
Hermana, no hay nada que no podamos llevar ante Jesús. Ninguna pregunta está fuera de lugar. Incluso nuestras dudas y miedos más ocultos pierden su poder sobre nosotras a la luz de su amor y su gracia. Con la misma certeza con la que Jesús murió en la cruz y resucitó tres días después, Él completará en nosotras la buena obra del Padre. No debemos tener miedo a preguntar.
Te invito a ponerte delante del Señor. ¿Qué preguntas has temido hacerle a Jesús? Visítalo en la Eucaristía —en el sagrario o en una capilla de adoración— y habla con Él.
// Lani Bogart era una niña pequeña cuando empezó a amar a Jesús. Casada en 1976, fue recibida en plena comunión con la Iglesia católica con su familia el Domingo de Gaudete de 1996. Viven en Houston, Texas donde su familia le brinda una alegría inexpresable y continúa enseñándole la importancia de conocer y amar a Jesús. Lani se deleita con las flores, la música y las risas de familiares y amigos. Puedes leer más en Lanibogart.blog.