“Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor y daré a conocer que Su fidelidad es eterna” // Salmo 88, 2-3
Hoy fui a confesión… y todavía sigo impresionada. Salí con el corazón ligero, como si todo se hubiera ordenado de nuevo dentro de mí. Escuché esas palabras: Dios te ama, estás absuelta de tus pecados… y ya está. Así de sencillo. Así de inmenso.
Me cuesta entenderlo. ¿Cómo puede amar así Dios? Yo no soy así. Yo recuerdo, me aferro, me cuesta soltar. Pero Él no. Él me recibe siempre con los brazos abiertos, como si fuera la primera vez. Como si nunca me hubiera ido.
El salmo de hoy lo dice con una verdad que atraviesa el corazón: “Mi amor es para siempre” (Salmo 88, 3). Su misericordia no depende de mí. No cambia. No se cansa. Es eterna.
Y entonces nace en mí un deseo profundo: yo quiero ser así. Quiero amar sin llevar cuentas, sin condiciones, sin límites. Pero también sé que sola no puedo. Sólo cuando dejo que Su amor me transforme, cuando me dejo alcanzar por Su misericordia, empiezo a mirar diferente.
Jesús hoy nos invita a algo muy concreto: “El que recibe al que yo envío, me recibe a mí” (Juan 13, 20). Y eso cambia todo. Porque entonces ya no puedo mirar igual. Ya no puedo reaccionar igual. Estoy llamada a ver más allá, a mirar con Su Corazón.
Hermanas, ¿dejo que la misericordia de Dios transforme mi forma de amar? ¿Estoy proclamando con mi vida que Su amor es para siempre?
Señor, gracias por Tu misericordia infinita. Enséñame a amar como Tú amas y a reconocerte en cada persona que pones en mi camino. Amén.
// Arianna Santamaría es de Guayaquil, Ecuador, y vive en Madrid, España junto a su esposo. Aunque creció en una familia mariana y participó desde pequeña en misiones familiares, fue en la Universidad de Miami donde vivió un encuentro más profundo con Dios, gracias a una comunidad católica auténtica, al rosario y al ministerio de llevar la Eucaristía a personas mayores. Hoy, mientras se adapta a una nueva ciudad, a su trabajo en el sector tecnológico y a su vocación de esposa, busca maneras de compartir su fe también en el mundo digital. Le encanta caminar por el parque de El Retiro con su esposo, hacer pilates, viajar y disfrutar en familia. Sus modelos de santidad son los santos esposos José y María y Luis y Celia Martin.