Ven, Dios Espíritu Santo,
y envíanos desde el cielo
tu luz, para iluminarnos.
// Secuencia de Pentecostés
Me senté en la iglesia con mi hija recién nacida, escuchando al predicador hablar sobre las heridas de Jesús. Él dijo: «Piensen en esto: las heridas de Jesús son lo único hecho por un hombre que ha llegado al Cielo». Me detuve y reflexioné sobre esa afirmación durante un buen rato, mientras continuaba con su charla. Me impactó el hecho de que Jesús no sintiera la necesidad de eliminar las heridas que sufrió a causa de nosotros.
Y, sin embargo —si soy sincera—, permanecí sentada allí con miedo. Miedo a lo desconocido. Miedo a la inestabilidad que sentía cernirse sobre mi familia. La vida con un recién nacido es impredecible y requiere tiempo de adaptación. Y por si fuera poco, mi esposo estaba a punto de dejar un trabajo ministerial al que se había dedicado por años. ¿Qué sigue ahora, Señor? Surgió la tentación de encerrarme en mi habitación, por miedo a lo que podría encontrar al otro lado de la puerta. Pero Jesús me ama demasiado como para dejarme allí.
«La paz sea con ustedes», dice Jesús, mostrándome que el sufrimiento no es algo ante el que deba sucumbir, especialmente si Él está a mi lado. Él me muestra Sus heridas. Me muestra que la vergüenza y el miedo no tienen poder sobre mí. Me ofrece Su paz una vez más.
Hermana, en este día en el que recibimos aún más del amor del Señor a través del don del Espíritu Santo, espero que recuerdes que ni las puertas cerradas ni el miedo impiden que Jesús se haga presente para ofrecerte Su paz y Su Espíritu. Él sabe aquello que aún no estás lista para afrontar a solas; Jesus viene listo para ayudarte a enfrentar lo que te da miedo y permanece contigo. La paz esté contigo, hermana.
// Stephanie Salinas es una esposa y madre que vive en el Valle Oeste de Arizona. Originalmente de California, disfruta del tiempo con su familia apoyando a los equipos deportivos de Los Ángeles. Tiene una licenciatura en Comunicaciones y su experiencia es en el ministerio parroquial y diocesano. Su corazón está en la planificación de oportunidades de encuentro con Cristo a través de eventos Blessed is She, al mismo tiempo facilitando recursos para la comunidad hispana. Steph también ofrece un ministerio para jóvenes adultos con su esposo, Chilo llamado The Well. Encuentra más información aquí.