LECTURAS DE HOY

“Apareció entonces en el cielo una figura prodigiosa: una mujer envuelta por el sol, con la luna bajo sus pies y con una corona de doce estrellas en la cabeza. Estaba encinta y a punto de dar a luz…” // Apocalipsis 12: 1-2

Tenía dieciocho años cuando visité México por la ocasión de unos votos perpetuos de una monja de nuestra parroquia en Nueva Jersey. Fui para representar a los parroquianos que no podían estar. La ceremonia se dio con una misa al aire libre, mucha comida rica, y la gente llena de gozo y orgullo. Pero lo mejor de este viaje tocó al final cuando llegamos a la ciudad de México a visitar a la Virgen de Guadalupe; es decir, el manto donde fue milagrosamente impuesto la imagen de nuestra Madre María, así como la primera lectura la describe. 

Al entrar en la Basílica de Guadalupe, mis ojos cayeron directamente en la imagen detrás del altar. Ahí está la tilma donde se ve claramente la Virgen Maria, con rayos del sol detrás de su cuerpo, la luna a sus pies, y un manto de estrellas. Aunque en ese tiempo no sabía mucho de esta aparición, los años que siguieron me trajeron más y más cerca a ella. Hasta viví en una casa de oración y discernimiento que lleva su nombre. Durante esos años de descubrir más sobre La Guadalupana y sus conversaciones con el santo Juan Diego, me sentí acogida por nuestra Madre, como si ella pusiera su manto de estrellas sobre mis hombros y me dijera que yo también era su hija y ella mi madre. 

El pasaje de Apocalipsis describe una mujer que tuvo que dar a luz a su hijo delante de un dragón. Esta es una imagen usualmente interpretada como una representación de la Virgen Maria o la iglesia (Puedes leer una reflexión sobre este tema de San Juan Pablo II aquí). Pensando en la Virgen Maria, veo como ella nos protege en medio de los ataques del enemigo y asegura que estamos salvos y vayamos “hasta Dios y hasta su trono” (Apocalipsis 12:5). 

Nuestra Madre es una madre fuerte y tierna a la vez, valiente pero también mansa. Ella nos reta a hacer la voluntad de Dios aun cuando no sea fácil, cuando chocamos con dificultades o resistencia, cuando nos vemos cara a cara con el mal. Meditemos en las palabras de la voz que se escuchó en el cielo: “Ha sonado la hora de la victoria de nuestro Dios, de su dominio y de su reinado, y del poder de su Mesías” (Apocalipsis 12:10). Confiadas en esta promesa de la victoria de nuestro Señor, nos lanzamos valientes y fuertes a los retos de la vida con Cristo. 

Te invito en este día, hermana, a que tomes tiempo para meditar sobre las conversaciones entre Juan Diego y la Virgen Maria. Escucha como nos dice a nosotras también, “Oye y ten entendido [...], que es nada lo que te asusta y aflige; no se turbe tu corazón; no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí?, ¿No soy tu Madre?, ¿No estás bajo mi sombra?, ¿No soy yo tu salud?, ¿No estás por ventura en mi regazo?”

// Rocío Hermes es mamá y ama de casa. Ella nació en la República Dominicana y fue criada en los Estados Unidos. Le apasiona construir comunidad, preparar postres y escribir poesía. Tiene una maestría en Teología y ha vivido como misionera en Etiopía. Después de vivir más de tres años en Alemania, reside ahora en Israel con su esposo alemán y su hijo. Colabora como autora en Blessed Conversations: Dwell. Puedes leer sus reflexiones sobre la vida de fe en graceandmercyblog.com.

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