“Así que no les tengan miedo; porque no hay nada encubierto que no haya de ser revelado…” // Mateo 10, 26
A veces uno aprende a esconder la fe sin darse cuenta. No por un rechazo directo, sino por pequeños gestos: no decir nada para evitar problemas, no complicarse, no quedar mal con los amigos, no “llamar la atención”. Y así, casi sin notarlo, la fe se va volviendo silenciosa o se queda solo dentro de la Iglesia o de la vida privada, no por falta de profundidad, sino por miedo a los prejuicios de los demás.
En el Evangelio de hoy, Jesús nos repite: “No tengan miedo”. No es una frase para animarnos solo por un momento, sino una invitación a vivir desde el centro del corazón. Jesús no habla desde la distancia, sino desde el deseo de que vivamos con libertad interior en Él.
Recuerdo haber vivido la World Youth Day 2023 en Lisboa. El Papa Francisco —Pope Francis— repetía con fuerza ese mismo llamado: “¡No tengan miedo!”. Y ver a más de un millón de jóvenes reunidos, cantando y rezando bajo el sol, me dejó una idea clara: la fe no está hecha para encerrarse, sino para compartirse. No es solo algo privado, sino una vida que se vive en comunidad. Allí se siente la Iglesia viva, que escucha a Cristo en medio de muchas voces.
Jesús va aún más hondo y nos recuerda que nuestras vidas no pasan desapercibidas. Jesús dice: “hasta los cabellos de tu cabeza están contados”. No eres un número, ni un perfil más. Eres alguien conocido por Dios de manera cercana y personal. ¡Él te conoce y Él te ama!
Saint Augustine lo dice con sencillez: el corazón humano está hecho para Dios y solo en Él encuentra descanso. Cuando buscamos nuestra identidad en la mirada de los demás, nos cansamos. Cuando la ponemos en Dios, el corazón se ordena y descansa.
Reconocer a Jesús, entonces, no siempre es solo hablar de Él. Es elegir el bien cuando nadie aplaude. Es vivir con una coherencia tranquila, sin necesidad de justificarse todo el tiempo. Es aprender a no esconderse ni avergonzarse. Saint John Eudes afirmaba que el Sagrado Corazón de Jesús debe ser “el corazón de nuestro corazón”, enseñando que Cristo nos ha dado su propio ser para que habite y guíe el nuestro.
Hoy el Evangelio no pide perfección, hermana. Pide libertad en Él.
// Jocelyn Tejeda ama al Sagrado Corazón de Jesús y María. Nativa de San Diego y con raíces familiares en Oaxaca, México, estudió ciencia política y sociología en la Universidad de California, Irvine. Jocelyn representa a los Estados Unidos en el Comité Internacional de la Juventud Misionera Eudista de la Congregación de Jesús y María (CJM). Disfruta ser hija, hermana, madrina y tía. Sus pasatiempos favoritos son leer un buen libro con un cafecito y viajar ya sea por aventuras, misión… o partidos de fútbol!