“[…] el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.” Mateo 6, 8
Cuando vivía en casa, mis padres podían velar por mí y tener más en cuenta lo que agobiaba mi corazón. Al vivir en un país a medio mundo de ellos, en Etiopía, tenían que confiar en que cuando yo decía que todo estaba bien, estaba bien. Pero a veces, aunque fingía una sonrisa, solo al mirarme por una pantalla o al escuchar mi voz en el teléfono, mi mamá ya sabía que las cosas andaban mal o que algo me preocupaba. Mis padres amorosos siempre se preocupan por el bienestar y la felicidad de sus hijos, donde sea que estén, cerca o lejos.
Sabemos que nuestros padres terrenales deben ser un reflejo de nuestro Padre celestial. Tristemente, a veces los padres terrenales no toman en cuenta su rol o simplemente no saben amar de una manera correcta por sus propias heridas y, en vez de reflejar el amor atento y potente del Padre, llenan a sus hijos con una imagen errónea de Dios. Al leer las palabras de Jesús en el evangelio de hoy, que empieza con una frase súper cargada, me pregunto si todas podemos decir esa oración tranquilamente y confiadas en la bondad de nuestro Dios cuando decimos con Jesús: “Padre nuestro…” (Mateo 6, 9).
¿Cuál es la imagen del Padre que tengo? ¿Es un Padre tierno, atento y presente, que me conoce hasta cuando yo misma no me conozco o no quiero admitir mi necesidad? Quizás entendemos que es así, pero quizás no. Tal vez aún andamos en nuestra vida de fe como huérfanas, pensando que no tenemos padre o que el que tenemos no quiere nuestro bien.
Cuando rezamos “venga tu Reino, hágase tu voluntad” (Mateo 6, 10), podemos confiar, hermana, en que nuestro Padre celestial es uno lleno de bondad, cuyo reino es amor y paz. Él quiere nuestro bien, nuestra felicidad perpetua con Él en el cielo. Esto no quiere decir que no conoceremos sufrimiento o que Dios nos quitará el dolor del camino en esta vida. Esto quiere decir que Dios usará todo para nuestro bien, para cumplir su voluntad en nuestras vidas, que es la santidad, es decir, la unión plena con Él.
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// Rocío Hermes es mamá y ama de casa. Ella nació en la República Dominicana y fue criada en los Estados Unidos. Le apasiona construir comunidad, preparar postres y escribir poesía. Tiene una maestría en Teología y ha vivido como misionera en Etiopía. Después de vivir más de tres años en Alemania, reside ahora en Israel con su esposo alemán y su hijo. Colabora como autora en Blessed Conversations: Dwell. Puedes leer sus reflexiones sobre la vida de fe en graceandmercyblog.com.