“Yo soy tu Dios, escúchame. Oyó Israel palabras nunca oídas” // Salmo 80
Hace unas semanas estuve mucho tiempo frente al Santísimo. Mucho más de lo que suelo estar. Y al inicio me pasó lo de siempre: mente acelerada, pensamientos que no se callan, listas pendientes, distracciones. Estaba allí… pero no estaba escuchando.
Poco a poco, en ese silencio sostenido, algo empezó a cambiar. No porque todo desapareciera de golpe, sino porque decidí quedarme. Y entonces comprendí cuánto necesito espacios así. Porque vivo acelerada. Siempre pensando en lo que sigue, en lo que falta, en lo que debo responder. Y en medio de ese ruido, Dios me habla. Pero muchas veces paso de escucharlo.
“Yo soy tu Dios, escúchame”. Esta frase me resonó fuerte hoy. Escúchame. Qué sencillo suena… y qué difícil me resulta.
Sin embargo, cuando me detengo de verdad, cuando abro el corazón, sucede lo que dice el salmo: Israel escuchó palabras nunca oídas. No porque Él empiece a hablar más fuerte, sino porque yo finalmente bajo el volumen del mundo. Y cuando paro, escucho, medito y hago lo que Él me inspira… todo fluye diferente.
Cuántos malos entendidos habría evitado. Cuántas discusiones innecesarias. Cuántas palabras dichas desde el impulso que podrían haberse transformado en silencio prudente si simplemente hubiera escuchado al Señor primero.
Jesús nos recuerda hoy que el primer mandamiento comienza con una palabra clara: “Escucha”. Amar a Dios con todo el corazón empieza por darle espacio. Por buscar esos lugares donde Él pueda hablar y yo pueda callar.
Él me ama. Él nos ama. Y cuando lo escuchamos de verdad, no nos complica la vida: la ordena.
Hermanas, las invito a preguntarse: ¿cuándo fue la última vez que me quedé en silencio ante el Señor? ¿Qué espacio puedo crear hoy para escucharlo mejor?
Señor, quiero escucharte. Dame un corazón que sepa detenerse y permanecer Contigo. Amén.
// Arianna Santamaría es de Guayaquil, Ecuador, y vive en Madrid, España junto a su esposo. Aunque creció en una familia mariana y participó desde pequeña en misiones familiares, fue en la Universidad de Miami donde vivió un encuentro más profundo con Dios, gracias a una comunidad católica auténtica, al rosario y al ministerio de llevar la Eucaristía a personas mayores. Hoy, mientras se adapta a una nueva ciudad, a su trabajo en el sector tecnológico y a su vocación de esposa, busca maneras de compartir su fe también en el mundo digital. Le encanta caminar por el parque de El Retiro con su esposo, hacer pilates, viajar y disfrutar en familia. Sus modelos de santidad son los santos esposos José y María y Luis y Celia Martin.