“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida". // Juan 6:51
Tenía dieciséis años la primera vez que vi la Eucaristía. Acompañé a una amiga a la liturgia de Viernes Santo de su iglesia. «Es tan diferente de las galletas saladas que usamos para la comunión en nuestra iglesia —pensé—; este "pan de comunión" parece espuma de poliestireno».
Pero, aunque no parecía estar vivo, comprendí que este pan era más que un símbolo del pan del que habló Jesús.
Ahora, décadas más tarde, me he acostumbrado a la apariencia y al sabor de la hostia consagrada. Y estoy más convencida que nunca de que no es meramente un símbolo lo que recibí, sino el mismísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo.
Hermanas, verdaderamente, Jesús es el pan vivo bajado del cielo para nutrir nuestras almas y darnos la fuerza para amar como Él ama. Puesto que Él se ha partido como el pan para alimentarnos, tengamos también nosotros el valor de partirnos como el pan y derramarnos como el vino para servir a aquellos con quienes nos encontremos hoy.
Oremos juntas.
Señor Jesús, gracias por alimentarme con el pan vivo, que eres Tú. Concédeme fuerza y valentía para entregarme en amor sin calcular el costo. Quiero amar como Tú, mi Señor y mi Dios. Amén.
// Lani Bogart era una niña pequeña cuando empezó a amar a Jesús. Casada en 1976, fue recibida en plena comunión con la Iglesia católica con su familia el Domingo de Gaudete de 1996. Viven en Houston, Texas donde su familia le brinda una alegría inexpresable y continúa enseñándole la importancia de conocer y amar a Jesús. Lani se deleita con las flores, la música y las risas de familiares y amigos. Puedes leer más en Lanibogart.blog.