LECTURAS DE HOY 

“Ustedes se distinguen en todo: en fe, en palabra, en sabiduría, en diligencia para todo y en amor…” // 2 Corintios 9:8

Como no veo bien de lejos, necesito usar lentes. Mi vista de cerca es aún bastante buena, pero de lejos veo, sin duda, muy borroso. 

El otro día estaba sentada esperando a que comenzara la misa. No tenía puestos los lentes y, aún así, me llamó la atención a lo lejos una persona a la que reconocí al instante.  Este evento, supuestamente sin importancia, me hizo pensar que, cuando conocemos muy bien a alguien, lo reconocemos rápidamente aún cuando no podamos verlo claramente. 

De esta manera, si conocemos bien a nuestro Señor Jesús y tenemos con Él una relación personal, íntima y cercana, podemos reconocer su presencia en todas partes a pesar de que nuestro entendimiento sea, como mi vista, un poco corto. Esta experiencia que tuve de haber podido reconocer a alguien a lo lejos, aún con la vista borrosa, me hizo reflexionar también en lo siguiente:

¿Cómo pueden otros reconocernos como discípulos de Jesucristo, especialmente cuando existe una distancia, por ejemplo, la diferencia de religión o de puntos de vista?  La respuesta esté quizás en el Evangelio de hoy: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial”  (Mateo 5:43-48).

Hermanas, si tratamos de amar a nuestros semejantes de una manera tan radical como nos amó Él, eso pudiera llegar a ser el distintivo que permita a otros reconocernos como sus discípulos. 

// Teresa Salmerón nació en la Ciudad de México, donde creció en una familia católica practicante y donde formó la suya propia. Ha tenido la oportunidad de vivir en varios países como Chile, Venezuela, México y Estados Unidos. Actualmente reside en Ohio, donde ha vivido desde hace 14 años y donde trabaja como traductora y maestra de español y ESL. Teresa tiene 3 hijos adultos a los que ama profundamente. Ha sido catequista y actualmente facilita un estudio bíblico de un grupo de mujeres de su parroquia. A Teresa le gusta mucho bailar, leer, cocinar y convivir con su familia y amigos; y se siente profundamente agradecida por el infinito amor de Dios.

 

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