Lo único que pido, lo único que busco es vivir en la casa del Señor toda mi vida. // Salmo 26, 4
Planear las comidas, limpiar los inodoros, tallar la regadera. De todas mis tareas del hogar, esas tres casi siempre me sacan una queja. No se trata de tener las herramientas adecuadas; más bien necesito aplicar una actitud de “simplemente hazlo” a mis quehaceres.
Pero pocas veces los hago sin protestar. Me molesta que los quehaceres interrumpan lo que preferiría estar haciendo, o lo que me parece más valioso. Esta mañana, por ejemplo, quería orar en silencio, pero mi hijo rompió el silencio para decirme que ya casi no quedaba leche, recordándome que tengo una lista del súper que queda por escribir.
No es fácil estar en paz con las tareas tediosas y las interrupciones, así que agradezco el recordatorio de la primera lectura de hoy: hacer todo sin quejarse (véase Filipenses 2, 14). Ya sea planear las comidas, una llamada inesperada o algo más serio, como un familiar enfermo, el trabajo por hacer es una ocasión para cooperar con la voluntad de Dios. Las interrupciones son precisamente el trabajo al que Él me llama. Como escribió C.S. Lewis a un amigo: “La verdad, por supuesto, es que lo que uno llama interrupciones es precisamente la vida real de uno: la vida que Dios le envía día tras día” (The Collected Letters of C.S. Lewis, p. 595, traducción propia).
Entonces recuerdo: mi lista del súper no debería tratarse como una interrupción. Alimentar bien a mi familia forma parte de mi vocación. Todos mis quehaceres son el trabajo que Dios me pide hacer. Y si creo eso, no debería haber razón para quejarme. ¡Quizás debería estar más agradecida de conocer Su voluntad con tanta claridad!
Hermanas, como escribió San Pablo, Dios actúa en nosotras (véase Filipenses 2, 13). Cada quehacer, cita y situación inesperada que quizás consideramos como una interrupción nos ofrece la oportunidad de cooperar con Su voluntad. Mientras menos nos quejemos, más podremos apoyarnos en Su gracia y hacer brillar Su luz a nuestro alrededor en todo lo que hacemos.
Hermana, te invito a leer sobre la vida de san Carlos Borromeo. Pide, a través de su intercesión, la gracia de trabajar sin cansarte ni quejarte, como lo hizo él.
// Gina Fensterer es esposa desde hace 20 años y madre de seis hijos. Le apasiona encontrar a Dios en los momentos ordinarios de su vocación. Le encanta la adoración, orar con las Escrituras, largas caminatas por la mañana y hacer ejercicio. Gina educa en casa a sus hijos en edad escolar y tiene una pequeña tienda con productos diseñados para animar a las mujeres que buscan la santidad en su vida cotidiana.