LECTURAS DE HOY 

“El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad […] porque el Espíritu ruega conforme a la voluntad de Dios, por los que le pertenecen.” // Romanos 8, 26-27

Hablé recientemente con un amigo que me contaba su tristeza y confusión cuando una relación romántica con la cual él pensaba podía ser por fin su futura esposa, se cortó. Estaba molesto con Dios y dijo que se sentía alejado de Él. Cuando empezó a relatar más detalles llegamos al punto clave: él había rezado en algún momento en la relación, “Señor, si esto no es de Ti, haz que mi corazón se enfríe hacia ella.” Dijo que justo después de esa oración no sentía lo mismo por ella.

Sonreí porque entendí—cuántas veces en mi vida no había yo rezado una oración similar: “Quítamelo del camino, Señor, si no me conviene.” Y cada vez que hacía esa oración, el chico desaparecía de mi vida. Yo me molestaba—¡o sea, no es para que lo tomes tan literal, Dios! En esos momentos nunca entendía bien pero trataba de rendir mi corazón y aceptar la mano de Dios.

Ahora, ya casada seis años con un hombre que nunca hubiera conocido si los planes de Dios conmigo hubieran sido tan lineales como yo pensaba, entiendo que verdaderamente “el Espíritu ruega conforme a la voluntad de Dios” (Romanos 8,27) y no la mía. Mi esposo, siendo de Alemania, cruzó mi camino al final de mis dos años de misión en Etiopía, después de dejar el postulantado de la clausura carmelita en Nueva York. Cuántas veces recé para saber la voluntad de Dios, cuántas veces lloré, clamé y reclamé porque Dios se demoraba o hacía las cosas distintas a mis planes. Pero en esos desafíos, el Espíritu Santo siempre me ayudaba, como Huésped y Director del alma, a que me ofreciera de nuevo a Dios, junto con mis planes, para que Él obrara según Su voluntad. 

Hay que admitir, Sus planes han sido mejores que los míos en cada sentido. Cómo nos recuerda Santa Teresa de Jesús, la gran doctora de Ávila, cuya fiesta celebramos hoy, “[…] porque ya tengo probado, y gran experiencia de ello, la ganancia que es dejar libremente mi voluntad en la vuestra.” 

Hermanas, que podamos rezar con ella, llenas de confianza, el Padre Nuestro—especialmente las palabras, “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.” (Mateo 6,10) 

Haz Tu voluntad en nuestras vidas, Señor. Amén.

// Rocío Hermes es mamá y ama de casa. Ella nació en la República Dominicana y fue criada en los Estados Unidos. Le apasiona construir comunidad, preparar postres y escribir poesía. Tiene una maestría en Teología y ha vivido como misionera en Etiopía. Después de vivir más de tres años en Alemania, reside ahora en Israel con su esposo alemán y su hijo. Colabora como autora en Blessed Conversations: Dwell. Puedes leer sus reflexiones sobre la vida de fe en graceandmercyblog.com.

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