LECTURAS DE HOY

"Anda, vete; por eso que has dicho, el demonio ha salido ya de tu hija". // Marcos 7, 29

Ya terminando todas las fiestas de navidad, mi esposo y yo pasamos los siguientes días preparándonos para ir a México a visitar a su familia con nuestros dos hijos (dos menores de dos años). El día antes del vuelo me enfermé de la gripe. Gracias a Dios amanecí mejor, pero ya al llegar a México me puse peor aún. Y así me pasé la primera semana de nuestras vacaciones. Después siguió el bebe, y entonces mi otro niño. ¡Y no terminó ahí! Los niños luego terminaron con otras dos infecciones diferentes. Fue una pesadilla. Pero, aprendí muchísimo durante ese tiempo.

La familia de mi esposo trató de ayudarnos de todas las maneras que podían. Cuando uno de nuestros niños empezó con una enfermedad, llamaron al doctor enseguida para ya traerle la medicina que necesitaba. Sin pensarlo ni un segundo, ahí estaban para ayudarnos. Y yo como extranjera, pues no lo esperaba y no había experimentado algo así. 

El Evangelio de hoy es muy importante. Aunque la mujer no era judía, del pueblo escogido, Jesús decide que por tanta fe que tiene en Él, ella merece su ayuda. 

Y a mí, que no les podía ofrecer nada a la familia de mi esposo en ese momento… me querían ayudar. Casi no pudimos hacer nada en este viaje, pero experimenté tantas veces el amor de Dios por medio de mi nueva familia. Porque como Jesús decidió ayudar a esa mujer extranjera y pagana, así me ayudaron a mí y a mis hijos durante nuestro viaje. No todos tienen esa experiencia todos los días. Hay que reconocer a Jesús en otras personas cuando se presenta. Y se presentó muchísimas veces durante todo nuestro viaje.

Hermana, hoy te quiero pedir que abras los ojos para reconocer a Jesús en las personas a tu alrededor. Aunque sea por cosas pequeñas que te hacen o que te dicen. Y así empezarás a ver cómo Jesús está trabajando en tu vida, cómo es que te está cambiando el corazón. Y al igual que la niña en el Evangelio de hoy, de pronto está sacando demonios de tu vida también. 

// Jacqueline Sevier vive cerca de Atlanta, Georgia con su esposo y sus dos hijos. Aunque creció en escuelas católicas, no fue hasta finales de su tiempo en universidad que tuvo una conversión de corazón, y empezó a redirigir su vida hacia Dios. Canta con su esposo en la iglesia para misas y retiros. Ha aprendido mucho de la comunidad hispana de su parroquia, que apenas empezó a conocer cuando conoció a su esposo. En su tiempo libre, le gusta sentarse en un café tomándose un cafecito y cocinar con su esposo.

Back to blog