LECTURAS DE HOY

“¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” // Juan 11:40

Antes de tener hijos, siempre me encantaba manejar largas distancias. Podía manejar por horas, sin música, simplemente pensando o tal vez escuchando a Dios en el silencio. Y últimamente he sentido la falta de tiempo así en mi vida: tiempo de silencio, de soledad, de reflexión.

La Cuaresma es un tiempo de reflexión. Esta Cuaresma he reflexionado mucho sobre el tema de la muerte. No solamente la muerte física, que algún día todos vamos a enfrentar, sino también la muerte espiritual.

Yo creo que todos tenemos temporadas de sequedad espiritual en la vida. La Cuaresma puede ser un tiempo para reflexionar en el porqué de que estamos ahí. Puede ser un tiempo para formar nuevos hábitos que nos ayuden a combatir esos problemas. El punto de la Cuaresma es redirigirnos, voltear nuestra mirada de nuevo hacia Dios. Y tomar más tiempo para sentarnos en soledad y en silencio nos puede ayudar a revivificar el alma.

El Evangelio de hoy nos cuenta la resurrección de Lázaro. Lázaro ya estaba enfermo, y eventualmente esa enfermedad causó su muerte. El enemigo también nos quiere enfermar con sus mentiras. Quiere plantar semillas de duda en nuestros corazones, dudas sobre Dios y sobre su amor, dudas sobre su plan para nuestras vidas. Esa enfermedad, si continúa sin tratamiento, nos puede causar una muerte espiritual.

Pero, gracias a Dios, tenemos este tiempo de Cuaresma. Tal vez no es el tiempo preferido por muchos, pero puede ser tan bonito y fructífero. En mi mente, esta historia de Lázaro lo ilustra muy bien. Se podría decir que yo sí estaba enferma espiritualmente antes de esta Cuaresma. No he logrado todo lo que quería todavía, pero ha sido un tiempo muy bonito para mi relación con Dios. Él está trabajando en mi corazón de maneras que nunca esperaba.

Yo quisiera que nos tomemos estos cuarenta días, o los que quedan, para redirigir nuestras vidas hacia Dios. Para que Él sane cualquier enfermedad que traigas dentro de tu corazón. Y tal vez, al final de estos días, podamos celebrar una resurrección del corazón, además de la resurrección de Jesús.

// Jacqueline Sevier vive cerca de Atlanta, Georgia con su esposo y sus dos hijos. Aunque creció en escuelas católicas, no fue hasta finales de su tiempo en universidad que tuvo una conversión de corazón, y empezó a redirigir su vida hacia Dios. Canta con su esposo en la iglesia para misas y retiros. Ha aprendido mucho de la comunidad hispana de su parroquia, que apenas empezó a conocer cuando conoció a su esposo. En su tiempo libre, le gusta sentarse en un café tomándose un cafecito y cocinar con su esposo.

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