LECTURAS DE HOY 

“¿No saben acaso ustedes que son el templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Quién destruye el templo de Dios, será destruido por Dios, porque el templo de Dios es santo y ustedes son ese templo.” // 1 Corintios 3:16-17

Disculpa la honestidad, pero aún me acuerdo de los tiempos en mi juventud cuando pensaba que yo sólo tenía valor si los chicos deseaban mi cuerpo. Lo veía como un gran logro si tal chico me pedía un baile en la fiesta o si otro me ponía conversación y terminaba pidiendo mi número. En esos años de mi adolescencia valía tanto lo que los demás pensaban de mí– de mi ropa, mi pelo, como me veía en sus ojos. 

Tomó muchos retiros, un montón de sanación, y un proceso largo de varios años para entender lo que las lecturas de hoy nos enseñan. Tú y yo somos templos de Dios, creadas para traerle gloria, bautizadas y redimidas para formar parte de su Iglesia, que es su cuerpo místico aquí en la tierra. Que cada cristiano, por el poder del Espíritu Santo recibido en el bautismo, es convertido en una casa de Dios, donde Él mora y habita con nosotros en lo más profundo de nuestro ser (véase 1 Corintios 3:9).

Cuando la Iglesia nos invita a celebrar la dedicación de una basílica, no es porque el edificio en sí fuese tan especial. Lo importante es lo que ese edificio significa para la Iglesia y lo que nos recuerda de nuestra propia identidad–somos pertenencias de Él, apartadas para su honra. Nuestros cuerpos son templos del Dios vivo que nos llama a ser santas y vivir atentas a Él, el dulce huésped de nuestras almas, sabiendo que fuimos consagradas, así como el templo de la basílica de San Juan de Letrán en el año 324.

Como el templo en el tiempo de Jesús estuvo lleno de vendedores y personas buscando su propia ganancia, también veo como he hecho lo mismo con mi vida, con mi templo. A veces he dejado que vengan a morar personas o cosas que no deben de habitar en mi. He hecho de mi templo un lugar donde pueden venir y adueñarse otros en vez de Dios. Pero nuestro Señor, en su bondad y misericordia, viene con fuerza a liberarnos, a sacudir el interior y limpiar la casa donde Él habita. 

Te pedimos hoy, Señor, que nos venga a transformar en una morada mas y mas digna de ti. Amén.

// Rocío Hermes es mamá y ama de casa. Ella nació en la República Dominicana y fue criada en los Estados Unidos. Le apasiona construir comunidad, preparar postres y escribir poesía. Tiene una maestría en Teología y ha vivido como misionera en Etiopía. Después de vivir más de tres años en Alemania, reside ahora en Israel con su esposo alemán y su hijo. Colabora como autora en Blessed Conversations: Dwell. Puedes leer sus reflexiones sobre la vida de fe en graceandmercyblog.com.

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