Sincera es la palabra del Señor y todas sus acciones son leales. Él ama la justicia y el derecho, la tierra llena está de sus bondades. // Salmo 32
Hermana, ¿alguna vez has vivido algo como Abrahán en la primera lectura de hoy? Dios te hace una llamada, una promesa. Al principio dudas o te preguntas si será posible, pero aun así decides confiar en Él. Te pones en camino, con el corazón abierto y dispuesto a hacer su voluntad.
Pero, como suele decir mi director espiritual, la realidad es terca. En medio de tentaciones, sufrimientos y dificultades, te preguntas por qué Dios te ha llevado allí, si parece que sólo sufres. A tu alrededor ves imposibilidades que superan tus fuerzas. Te sientes como el pueblo de Israel, murmurando en el desierto, casi olvidando todas las bendiciones del Señor que te llevaron hasta allí, camino a la tierra prometida, porque el dolor te ciega e impide que las veas.
Creo que todas hemos pasado por un momento así, hermana. Si estás ahí, confía en el Señor. Gritale a Él, que tenga misericordia de ti. Te ve, te escucha y te ama profundamente.
Miremos a Abrahán. Aunque pensó que todo estaba perdido, que era demasiado tarde y que moriría sin descendencia, Dios le hizo una promesa. Una promesa que parecía imposible, demasiado buena para ser verdad. Incluso llegó a dudar. Pero Dios fue fiel.
“Deja tu país, a tu parentela y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te mostraré. Haré nacer de ti un gran pueblo y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre y tú mismo serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. En ti serán bendecidos todos los pueblos de la tierra” (Génesis 12, 1-3).
Por eso miramos a Abrahán como nuestro padre en la fe. Porque, a pesar de todo y en medio de todo, confió en el Señor. Y el Señor cumplió su promesa.
Que el Evangelio de hoy te llene de esperanza. En medio de nuestro caminar, Jesús nos regala la visión de la Transfiguración para recordarnos que, si morimos con Él, también resucitaremos con Él.
Mi amado Jesús, aumenta en mí la fe, el amor, y la esperanza. Dame la gracia de confiar en Ti plenamente y de seguirte adónde me llames. No abandones la obra de Tus manos. Te quiero. Amén.
// Ashleigh Ladner es hermana, amiga, madrina, tía, traductora y profesora, y sobre todo, hija amada de Dios. Originalmente de New Orleans, Louisiana, actualmente está viviendo en Madrid, España. Le encanta viajar y conocer lugares nuevos, leer, un buen expreso, y los girasoles. Sus modelos a seguir en la vida son santa María Magdalena, san Ignacio de Loyola, san Juan, y santa Teresa de Jesús.