“Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras…” // Juan 10, 37-38
A veces siento que tengo la memoria muy corta. Pasa algo lindo y disfruto ese momento pero si llega algún desafío me olvido fácilmente de lo lindo que justo había ocurrido. Los milagros a veces se sobrecargan con los retos del día a día y me olvido que Dios ha hecho grandes obras en mi vida.
Pero nuestro Señor es paciente conmigo como lo es con los judíos en el Evangelio de hoy. Sabe que tienen que “ver para creer” y por eso los invita a recordar y mirar bien las “obras buenas de parte del Padre” (Juan 10, 32) que Él había hecho en su presencia. El les pide a los judíos que dudan a que se enfoquen no en Él, sino en sus obras. A ver si por lo menos así llegan a creer.
La triste realidad es que los judíos persisten en sus dudas y no logran ver lo que Jesús está haciendo delante de sus ojos. Los milagros están sobrecargados con el desafío de las palabras de Jesús sobre su identidad y relación con el Padre—“aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que puedan comprender que el Padre está en mí y yo en el Padre” (Juan 10, 38).
No debemos seguir al Señor sólo por lo que Él puede hacer por nosotras, pero si es verdad que lo que Él ha hecho por nosotras nos debe llenar con una fe más duradera. Los hechos de nuestro Señor no son la razón por la cual lo amamos y lo seguimos, pero si sirven como un lugar seguro de donde lanzarnos a una confianza más profunda, sabiendo que Él es verdaderamente quien ha dicho que es—Hijo de Dios, el Cristo mandado por el Padre al mundo (vea Juan 10, 36).
Que en estos últimos días de la cuaresma podamos acordarnos con frecuencia de las obras de Dios en nuestras vidas, hermana, y así entrar a una intimidad más cercana con Él.
// Rocío Hermes es mamá y ama de casa. Ella nació en la República Dominicana y fue criada en los Estados Unidos. Le apasiona construir comunidad, preparar postres y escribir poesía. Tiene una maestría en Teología y ha vivido como misionera en Etiopía. Después de vivir más de tres años en Alemania, reside ahora en Israel con su esposo alemán y su hijo. Colabora como autora en Blessed Conversations: Dwell. Puedes leer sus reflexiones sobre la vida de fe en graceandmercyblog.com.