“El Espíritu del Señor está sobre mí; él me ha enviado para anunciar a los pobres la buena nueva.” // Lucas 4, 18
Jesús regresa a Nazaret, el lugar donde todos lo conocen. Allí lee el pasaje del profeta Isaías y proclama con valentía que Él es el cumplimiento de la promesa de Dios: traer la buena nueva a los pobres, libertad a los cautivos, vista a los ciegos y esperanza a los oprimidos.
Al principio, la gente queda maravillada. Pero cuando Jesús desafía sus expectativas y les recuerda que la misericordia de Dios va más allá de su propia comunidad, la admiración se convierte en rechazo (vea Lucas 4, 28-29).
¿Cuántas veces hacemos lo mismo? Recibimos a Jesús mientras encaje en nuestros planes o responda a nuestras oraciones de la manera que esperamos. Sin embargo, su gracia siempre es más grande que nuestro entendimiento. Él nos invita no solo a creer en Él, sino también a confiar en Él, incluso cuando sus caminos ensanchan nuestro corazón y desafían nuestra manera de pensar.
Como mujeres de fe, estamos llamadas a reconocer aquellos lugares de nuestra vida donde Jesús desea traer libertad y sanación. No podemos compartir su amor con los demás hasta que primero le permitamos transformarnos a nosotras mismas.
"Oh Jesús, yo me entrego a ti, encárgate de todo." Esa ha sido mi oración constante durante estos últimos meses, desde el momento en que abro los ojos cada mañana. ¿La razón? La incertidumbre que mi ansiedad provoca.
Una y otra vez le he entregado al Señor la división que existe en mi familia, la lealtad quebrantada que ha afectado algunas de mis amistades, la lucha por mantenerme firme en el cuidado de mi salud, el sentirme cuestionada respecto a mis capacidades para la próxima vocación a la que Él me llama, la incertidumbre sobre mi futuro y la oscuridad que intenta envolverme cuando mi ansiedad aumenta.
Vuelve.
Esa es la palabra que Él sigue susurrando a mi corazón.
Vuelve a Mí.
Todas estas interrupciones han traído caos a mi mente y a mi corazón. He permitido que el dolor, los pensamientos de inquietud, los "¿y si...?", y las preocupaciones de este mundo ocupen un lugar demasiado grande en mi vida. Y, aun así, Él solo me pide una cosa: volver a Él... en los sacramentos, en la capilla, en su Palabra y en mi vida de oración.
Quizá la parte más impactante de este Evangelio es que Jesús no discute con la multitud enfurecida. Mientras lo llevaban hacia el precipicio, simplemente "pasó por en medio de ellos y siguió su camino” (Lucas 4,30).
Qué consuelo saber esto para toda mujer que carga pesos que parecen demasiado grandes, que espera respuestas a oraciones que parecen no llegar o que, en algún momento, se ha preguntado si Dios todavía la ve.
El mismo Jesús que caminó serenamente entre aquella multitud sigue caminando con nosotras hoy. Ningún rechazo, ninguna decepción, ningún miedo ni ninguna incertidumbre pueden detener los planes que Dios tiene para tu vida.
Lo que Él te pide es sencillo, aunque no siempre fácil:
Vuelve.
Vuelve a su presencia antes de perderte en tus preocupaciones.
Vuelve a su verdad antes de creer tus miedos.
Vuelve a su voz antes de distraerte por el ruido del mundo.
// Paulina Cambron es católica de nacimiento, esposa, hija, hermana, madrina, y consejera universitaria pero su título favorito es el de 'hija amada de Cristo'. Nacida y criada en el área de Greater Palm Springs, su relación personal con Dios floreció a los 18 años, cuando participó en su primer retiro para jóvenes. Desde entonces, ha servido en diferentes ministerios de su parroquia, siendo su favorito el trabajo con la juventud. Actualmente, dirige una comunidad de fe de mujeres llamada Devoted to Proverbs 31, y continúa sirviendo al Señor como misionera en retiros del Programa Misionero del Valle en Coachella, CA, donde hombres y mujeres encuentran un encuentro transformador con Dios. La pasión de Paulina radica en ayudar a los demás y compartir la belleza de su fe católica, así como lo que Dios ha obrado en su vida.....todo mientras disfruta de una taza de té.